Martes, 27 de mayo de 2014

Texto el micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT9 (17 de mayo de 2014)

El amor como caridad social y política


La atención a los pobres es una misión propia de la Iglesia que tiene su fuente en Jesucristo. No se trata de una estrategia pastoral o la respuesta a una emergencia, sino de un acto de fidelidad al Evangelio. Esto lo vemos en el testimonio de la Iglesia primitiva, cuando junto a la tarea de la predicación de la Palabra, presta, también, una particular atención al cuidado de los más necesitados.

No podían predicar el Evangelio y desatender las necesidades materiales de los hermanos. Esto era una exigencia de la vida de fe. Así se va organizando la vida y los ministerios en las primeras comunidades. Esto lo leemos en la misma Sagrada Escritura cuando los apóstoles se deciden a instituir a los diáconos para el servicio de las mesas y: "la distribución diaria de los alimentos", como vemos en este domingo.

Creo que es importante considerar cuales son los criterios de selección que proponen los apóstoles para elegir a las personas que van a cumplir con este servicio: "busquen entre ustedes, dicen, a siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y nosotros le encargaremos esta tarea" (Hech. 6, 1-7). El acento está puesto no en algo exterior, sino en el testimonio de una vida transformada por el Espíritu de Dios. Como vemos, no se trata de algo secundario para la Iglesia ni meramente operativo, sino de algo que es esencial porque hace a su vida de fe, y que se convertirá en un signo de credibilidad. Por ello, una fe que no nos oriente a la caridad, no proviene de Jesucristo. ¡Qué triste la imagen de un cristiano celoso por el cuidado de la fe y su vida no es testimonio de amor!

La vida cristiana tiene en Jesucristo su fuente y modelo. Esto presenta consecuencias que debemos saber leer, para no hacer de la fe solo una cuestión de vida privada. La fe, bien entendida, tiene una dimensión social y política. No es posible reducir el horizonte de la caridad a una cuestión individual sin referencia a la comunidad. La caridad, que nace de la fe, incluye una dimensión social. En este sentido es claro el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, cuando afirma: "La caridad social y política no se agota en las relaciones entre las personas, sino que se despliega en la red en la que estas relaciones se insertan, que es precisamente la comunidad social y política, e interviene sobre ésta, procurando el bien posible para la comunidad en su conjunto" (CDSI. 208).Al pobre, a quien estamos llamados a amar y ayudar, lo debemos considerar en un marco de relaciones que lo condicionan y que reclama una atención mayor al del plano meramente individual.

Esto no quita ni disminuye el gesto concreto de ayuda que le debemos a este hermano nuestro necesitado, pero la caridad que se apoya en el evangelio de Jesucristo reconoce una dimensión social que mira a la equidad y solidaridad de la sociedad. Por ello, concluye el Compendio: "amarlo (al pobre, al necesitado) en el plano social significa, según las situaciones, servirse de las mediaciones sociales para mejorar su vida, o bien eliminar los factores sociales que causan su indigencia" (CDSI. 208). Estas "mediaciones" son, principalmente la política como las diversas instancias en las que la sociedad se organiza para pensar el bien común. ¡Qué triste cuando un cristiano no quiere participar en estas mediaciones de la sociedad! Me atrevería a decir que su fe no ha descubierto el compromiso social de la caridad.

Para la Iglesia el pobre, el que sufre, siempre será un tema evangélico que la compromete, porque en esas situaciones ha querido ocultar su gloria Jesucristo. Es bueno y lo necesitamos, volver a esa simplicidad del evangelio donde Jesucristo nos habla y espera una respuesta. Hagamos nuestra aquella pregunta del evangelio: ¿Cuándo te vimos, Señor?, conocemos la respuesta: "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo" (Mt. 25, 37-40).

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 22:33  | Hablan los obispos
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