Lunes, 02 de junio de 2014

El Card. Fernando Filoni, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los pueblos, se dirige al clero de Guinea Ecuatorial, con el que ha encontrado el 31 de mayo en Mongomo. (Fides)

Mensaje del Emmo. Cardenal Fernando Filoni,

Prefecto de la Congregación

para la Evangelización de los Pueblos,

a los sacerdotes de Guinea Ecuatorial

(31 de mayo de 2014)

 

 

Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio: 

1.       Doy gracias a Dios por la feliz ocasión que me concede de estar aquí con ustedes, en este día en que la Iglesia celebra la Visitación de la Virgen María, Madre de los sacerdotes. 

2.       Les saludo a todos con afecto y quiero darles las gracias por entregarse a sí mismos, en cuerpo y alma, desplegando una gran cantidad de energía, por la extensión del Reino de Dios en esta tierra ecuatoguineana. Sé muy bien lo difícil que es el trabajo que hacen, en un contexto complejo y en circunstancias estresantes y difíciles, debido a las dificultades de todo tipo. Que estas situaciones difíciles reaviven más bien en ustedes la llama y el celo misionero para proclamar con valentía el Evangelio, que es una fuente de liberación y salvación. 

3.       Queridos hermanos sacerdotes, el tema de la evangelización es relevante. De hecho, la evangelización fue, es y será siempre, parte integrante de la naturaleza misma de la Iglesia, su tarea principal. La Exhortación Apostólica del Papa Francisco “Evangelii gaudium” subraya y recuerda todos estos aspectos. Estando todo el Pueblo de Dios llamado a la evangelización, nosotros, como estrechos e indispensables colaboradores del Obispo, no podemos ignorar la gran responsabilidad de los ministros ordenados, y de los bautizados que constituyen el Pueblo de Dios.

4.       Por consiguiente, para el mejor cumplimiento de esta misión, es esencial, en primer lugar, que ustedes no dejen de evangelizarse a fondo, sobre todo profundizando en la vida de oración, en la vida interior. Presten atención: la fecundidad de su ministerio sacerdotal y la eficacia de su acción pastoral depende esencialmente y antes que nada de su comunión con Cristo, “su santidad personal debe repercutir en beneficio de los que han sido confiados a su cuidado pastoral y a los que deben servir. La vida de oración hará fecundo su apostolado”. Un sacerdote debe ser amante de Cristo. La distinción y autoridad moral que sustentan el ejercicio de su potestad jurídica, solo pueden venir de su santidad de vida (cfr. Africae Munus, n. 100). Jesús nos dice: “El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer” (Jn. 15, 5). Él insiste firmemente en que no podemos dar fruto si no permanecemos en Él, porque sin Él no podemos hacer nada: todo es de Él, todo viene de Él y todo es para Él (cfr. Rom. 11, 36 y Col. 1, 16-17). De esta manera, ustedes serán capaces, a su vez, de formar a los miembros de la comunidad cristiana, de los que son responsables inmediatos, para que lleguen a ser auténticos discípulos y testigos de Cristo (cfr. Africae Munus, n. 109). De esta manera se pone en práctica el segundo nivel de comunión, es decir, la comunión con la Iglesia. La comunión con Cristo lleva a la comunión con la Iglesia, sin la cual aquella corre el riesgo de no ser verdadera. Comunión con la Iglesia significa, en primer lugar, comunión con el proprio Obispo, como prometimos el día de la ordenación sacerdotal, y después con todo el presbiterio. 

5.       Permítanme, sin embargo, compartir fraternalmente con ustedes algunas inquietudes de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos respecto al clero que sirve en los territorios de misión y también en este país. Nos preocupa el hecho que, a veces, no todos los sacerdote siguen con disciplina las directrices pastorales de sus Obispos y de sus respectivas diócesis. Por eso les pido que, bajo la mirada materna de la Virgen, cuya obediencia a Dios ha sido ejemplar, respondan interiormente, cada uno en su conciencia, a estas preguntas: ¿Qué Iglesia queremos para Guinea Ecuatorial? ¿Qué sacerdocio queremos para la Iglesia en Guinea Ecuatorial? 

6.       En efecto, su país, en estas últimas décadas, está experimentando un progresivo y rápido mejoramiento de sus condiciones sociales, y yo sé que los fieles laicos ecuatoguineanos se sienten los principales animadores en la base y son plenamente conscientes de su deber de ajudar generosamente a la Iglesia, a pesar de sus condiciones económicas. Pero nosotros, como sacerdotes, ¿cómo respondemos a las expectativas del Pueblo de Dios? Como dijo en una ocasión el Papa Benedicto XVI, “de los sacerdotes, los fieles esperan solamente una cosa: que sean especialistas en promover el encuentro del hombre con Dios. Al sacerdote no se le pide que sea experto en economía, en construcción o en política. De él se espera que sea experto en vida espiritual” (Discurso al clero de Polonia, 25/05/2006). A través del sacerdote que reza, opera con mayor eficacia la gracia divina, haciendo su ministerio más fecundo y atento a las verdaderas exigencias del Pueblo de Dios. Todo sacerdote, por lo tanto, debe cuidar con atención la propia vida espiritual mediante la constante oración personal y eclesial, la meditación y la recitación cotidiana de la Liturgia de las Horas, la confesión frecuente, la celebración decorosa y diaria de la Eucaristía, en la cual experimenta la alegría del encuentro con Cristo y aprende de Él a dar la propia vida. Una rica vida espiritual hace al sacerdote más solícito, no solo hacia las personas confiadas a su cura pastoral, sino que también hacia aquellas que están fuera del rebaño de Cristo. Un buen sacerdote percibe como propias las palabras de Cristo de llevar la Buena Noticia de la salvación hasta los últimos confines de la tierra. Además, estando siempre disponible para el servicio de los hermanos, es caritativo y solícito con los necesitados, con los enfermos y con los pobres. En esta actitud de total donación y servicio a Dios y a su pueblo, está, precisamente, el origen de la castidad y del celibato sacerdotal. No se trata de una relación individualizada y limitada a una persona, sino una relación intensa con Cristo, del que el sacerdote recibe la gracia y la fuerza para amar a todos. ¡La fidelidad al celibato es la medida de la fidelidad a Cristo! Por lo tanto, les invito fuertemente, amados hermanos en el sacerdocio, a examinar su vida sacerdotal bajo este prisma. 

7.       Otro aspecto de la vida sacerdotal es su relación con los bienes materiales y el modo de usar de ellos. Cuántas veces se oye decir: “Este sacerdote es rico, tiene mucho dinero”. “Es poco transparente en el uso del dinero y de la administración”, etc. ¡Impriman bien en su corazón y en su mente que nosotros los sacerdotes no somos propietarios, sino administradores de los bienes que han sido puestos a nuestra disposición para el bien del pueblo de Dios! Acuerdese también que todos nosotros seremos llamados a dar cuenta de nuestra administración. 

8.       Además de pedirles que estén a la altura de acompañar espiritualmente a la sociedad en el rápido progreso económico de esta nación, les ruego también de mantener relaciones virtuosas con las autoridades y las instituciones civiles. Cristo, conociendo las fuertes debilidades de nuestro corazón, nos dice, como para animárnos: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia; todo lo demás se os dará por añadidura” (Mt. 6, 33) (cfr. A. M., n. 112). Los fieles esperan de ustedes palabras y gestos proféticos. El sacerdote no es un funcionario de la Iglesia que busca solamente el beneficio material y el “hacer carrera”. Es administrador de los misterios de Dios. El sacerdocio no es una promoción social, ni un medio de autoafirmación personal o familiar. No es un estatus para adquirir prestigio mundano, bienes materiales y autoridad de poder. Se trata de un servicio. El sacerdote es siervo, está al servicio del Pueblo de Dios a él confiado y debe entregar toda su vida para ello. 

9.       Queridos hermanos: ¿Quieren ser sacerdotes felices? Escuchemos las palabras del Papa Francisco en la Misa Crismal de este año: “La alegría sacerdotal es una alegría que se hermana con la pobreza”. El sacerdote es pobre en alegría meramente humana, ¡ha renunciado a tanto...! Y como es pobre, él, que da tantas cosas a los demás, tiene que pedir la alegría al Señor y al pueblo fiel de Dios. No tiene que procurarla a sí mismo. “La alegría sacerdotal es una alegría que se hermana con la fidelidad”, [...] en el sentido de renovada fidelidad a la única Esposa, a la Santa Iglesia. Esta es la clave de la fecundidad. “La alegría sacerdotal es una alegría que se hermana con la obediencia”. Obediencia a la Iglesia a través de su jerarquía, por decirlo así, no solo en el marco más externo de la obediencia (la parroquia a la que se me envía, las licencias ministeriales, la tarea particular…) sino también en el ámbito de la unión con Dios Padre, del que desciende toda paternidad. También la obediencia a la Iglesia en el servicio: disponibilidad y prontitud para servir a todos, siempre y de la mejor manera, a imagen de “Nuestra Señora de la prontitud” (cfr. Lc. 1, 39: “meta spoudes”). 

El Papa Francisco afirmó en el pasado mes de julio, dirigiéndose a los seminaristas y novicios –pero estas palabras se pueden aplicar aún más a los sacerdotes-: “Algunos dirán: la alegría nace de las cosas que se tienen, y entonces he aquí la búsqueda del último modelo de smartphone, la moto más veloz, el coche que más llama la atención… Pero yo les digo, sinceramente, que a mí me duele ver a un sacerdote o a una religiosa en un coche de último modelo. ¡No puede ser así! ¡No puede ser así! […] Creo que el coche es necesario para trasladarse cuando hay mucho trabajo, ¡pero usen uno más humilde! Y si le gusta el más bueno, ¡piense en cuántos niños se mueren de hambre! Solamente esto. La alegría no nace ni viene de las cosas que se tienen. [...] La verdadera alegría nace de la gratuidad de un encuentro, de la relación con los demás, nace de sentirse aceptado, comprendido, amado, y de aceptar, comprender y amar”.

*  *  * 

En conclusión, amadísimos hermanos sacerdotes, manifestando alegría en su vida, les invito a edificar las comunidades cristianas con el ejemplo, viviendo de verdad sus compromisos sacerdotales, porque al consagrarse, sobre todo, a los que el Señor les confía para formarlos en las virtudes cristianas y guiarlos hacia la santidad, no solo los ganarán a Cristo, sino que los harán también protagonistas de una sociedad ecuatoguineana renovada y mejor (cfr. Africae munus, n. 109. 111). 

Les encomiendo a la Virgen Inmaculada, patrona de nuestro País y de nuestro pueblo, invocando sobre todos ustedes, queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, la abundancia de las gracias divinas.

 


Publicado por verdenaranja @ 23:41  | Hablan los obispos
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