Martes, 03 de junio de 2014

Al reunirse con los Obispos de Guinea Ecuatorial en Mongomo, la tarde del 30 de mayo, el  Cardenal Fernando Filoni, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, ha recordado la historia de la evangelización de este territorio y que las iglesias particulares de Guinea han sido y siguen siendo un punto de referencia fundamental para la sociedad, con sus estructuras pastorales y educativas propias (Fides)

Discurso del Emmo. Cardenal Fernando Filoni, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, a los Obispos de Guinea Ecuatorial (30 de mayo de 2014)

 Queridos hermanos en el Episcopado:

1.       Me siento honrado y feliz de estar hoy aquí con ustedes. Esta visita a Guinea Ecuatorial, como Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, tiene como objetivo encontrarles para compartir sentimientos que inspiren sus corazones de Pastores de las Iglesias locales confiadas a su cura pastoral. Con mi presencia quiero escuchar sus expectativas, exhortándoles a vivir plena y generosamente su ministerio episcopal y a rezar juntos. Esta visita viene a llenar mi deseo de conocer un poco mejor esta Iglesia local, de compartir con ella un gran momento de fe y de animar a sus sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y laicos a tomar conciencia de su vocación cristiana para vivirla con generosidad.      

2.       Permítanme, ante que nada, transmitirles el cordial saludo y la bendición paterna de Su Santidad el Papa Francisco, que les lleva en su corazón y en su oración. En nombre de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y mío, querría también dirigirles un saludo fraterno y renovar toda la disponibilidad de nuestra Congregación a colaborar con ustedes los Pastores en el servicio de la Iglesia-Familia de Dios de Guinea Ecuatorial. Mi gratitud va al Excelentísimo Monseñor Juan NSUE EDJANG, Obispo de Ebebiyin, que, tambén de parte del Sr. Arzobispo Metropolitano de Malabo y del Sr. Obispo de Bata, ha tenido la amable iniciativa de invitarme a visitar su Iglesia particular. ¡Gracias por su calurosa y fraterna acogida!

3.       Queridos hermanos en el Episcopado, en este momento de encuentro eclesial, ¿cómo no agradecer la fecundidad de vuestra Iglesia? Situada en el corazón del África centro-occidental, la Iglesia de Guinea Ecuatorial es una de las más antiguas de la Región subsahariana. Estos fieles nuestros son los herederos de la gran obra misionera de muchos hombres y mujeres de Dios que han dado su vida por el Evangelio y a los que va nuestro inmenso agradecimiento.

4.       La progresiva y veloz mejoría de las condiciones sociales en este país comporta para la Iglesia un nuevo esfuerzo de sensibilidad para percibir las realidades –muy prometedoras, pero no carentes de dificultades-, para salir al paso de las exigencias del pueblo y ayudarlo a superar los retos actuales a través de una pastoral de conjunto. En efecto, sus Iglesias particulares han sido y siguen siendo un punto de referencia fundamental para la sociedad, con sus estructuras pastorales y educativas propias; y por esto, junto a ustedes, doy gracias a Dios. Pero también, a causa de las carencias y limitaciones de su personal religioso, se hace muy costoso acompañar espiritualmente el rápido progreso económico de la nación de manera adecuada. Si tal situación permaneciera a largo plazo, la Iglesia correría el riesgo de ver gradualmente dañada su misión en la sociedad, dando vía libre a nocivas visiones materialistas y hedonistas de la vida y del futuro.

5.       Queridos hermanos, les exhorto, por tanto, a dar más consistencia a esta importante misión de anunciar el Evangelio en favor del hombre, siguiendo el ejemplo de Jesucristo, nuestro Maestro (cfr. Lc. 4, 18-19).

Para superar los límites y dificultades es necesario tener objetivos comunes precisos y un siempre mayor dinamismo. Queridos hermanos, sean dinámicos, inculquen en sus colaboradores un profundo “sensus ecclesiae”. Les pido encarecidamente la unidad y la solidaridad a través de un espíritu de comunión y de fraternidad, para que su ministerio sea fructuoso. ¡Sean modelos para el rebaño que se les ha confiado! Porque solamente si están unidos y en estrecha comunión y colaboración mutua el trabajo de evangelización podrá verdaderamente avanzar.

6.       En cuanto a la programación de las Asambleas Plenarias, les invito a no perder nunca de vista el aspecto espiritual y pastoral, que es la tarea principal del Obispo, a la vez que cuidan de las cuestiones humanas y sociales de su gente. Nuestro primer deber es siempre el de “llevar a todos la Buena Noticia de la Salvación y ofrecer a los fieles una catequesis que contribuya a un conocimiento más profundo de Jesucristo” (Africae munus, n. 103). Resulta oportuno, por tanto, que la Conferencia Episcopal cuide del crecimiento espiritual y moral del Pueblo de Dios y se concentre más en los problemas internos de la Iglesia como, por ejemplo, la misión del Obispo diocesano, su relación con el clero, la situación moral de los sacerdotes y de las personas consagradas, la gestión administrativa de las diócesis (cfr. Africae munus, n. 104).

7.       Además de estos, hay que afrontar, con valentía y claridad, también otros problemas pastorales importantes, como el impulso de la evangelización ad gentes, la pastoral familiar y la formación permanente del clero; y, en particular, el problema de la proliferación de las sectas. Todas estas cuestiones merecen una profunda y acorde reflexión, para poder proponer soluciones oportunas y adecuadas. Trabajemos entonces, para ofrecer buen ejemplo y hacernos testigos creíbles de aquello que anunciamos y hacemos. 

8.       Tareas prioritarias de su episcopado deben ser también el cuidado de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa y consagrada, así como la solicitud hacia los laicos, con una formación completa y contínua. Con respecto al clero, debo decir, antes que nada, que “la comunión, la unidad y la cooperación con el ‘presbiterium’ será el antídoto contra los gérmenes de división y que les ayudará a ponerse todos juntos a la escucha del Espíritu Santo. [...] Amen y respeten a sus sacerdotes” (Africae Munus, n. 101). La Congregación para la Evangelización de los Pueblos sigue profundamente preocupada por los casos de inmoralidad y falta de disciplina del clero. Algunos sacerdotes persisten en un estilo de vida que les lleva a centrarse en la seguridad económica y a buscar espacios para los propios intereses, en vez de dar la propia vida por la obra misionera. 

9.       Otro problema crucial es la hemorragia de sacerdotes que emigran al extranjero y se quedan allí después de los estudios. Estos, tentados por unas condiciones económicas más favorables, aprovechan para no volver a Guinea Ecuatorial. La consecuencia es, evidentemente, la escasez de un clero bien preparado que pueda destinarse al servicio de las Diócesis. Al mismo tiempo, aquellos sacerdotes que se dedican al ministerio dentro del país con generosidad y abnegación, muchas veces en condiciones difíciles, necesitan ser fortalecidos con una sólida formación permanente durante su ministerio.  

10.     Deseo animar también a la Conferencia Episcopal a reforzar la atención sobre la situación de los seminarios, sobre todo del Seminario Mayor inter-diocesano “La Purísima”, en el que aún se requiere mucho trabajo para mejorar las condiciones en favor de una más elevada y completa formación de los candidatos al sacerdocio. En cuanto a los seminarios menores diocesanos, les exhorto a confiarlos a un número suficiente de formadores competentes y moralmente rectos, capaces de ser maestros de sus seminaristas con su docencia y con su vida. El sacerdocio es un servicio, no un derecho. Es un don, no un privilegio. Asegúrense de que los directores y formadores del seminario trabajen juntos, siguiendo las indicaciones de los Obispos, para garantizar una formación integral a los alumnos que les son confiados. En la selección de los candidatos al seminario, se deberá también proceder a un discernimiento cuidadoso y a un acompañamiento cualificado para que aquellos que sean admitidos al sacerdocio sean verdaderos discípulos de Cristo y auténticos servidores de la Iglesia (cfr. Africae munus, n. 122).  

11.     Como sabemos, la vitalidad de una Iglesia no depende solamente de los buenos Pastores, es decir, de los Obispos, sino también de los sacerdotes, religiosos y religiosas. Incluso los laicos, en virtud del proprio bautismo, están llamados a tomar parte activa en la evangelización y en la misión de la Iglesia. Pero, ¿cómo será esto posible si ellos mismos no son evangelizados? Los laicos tienen verdadera necesidad de una formación cristiana sólida, permeada de los valores evangélicos de tal manera que, liberados de las creencias y de las actitudes contrarias a la fe, puedan dar razón de la esperanza que está en ellos (cfr. I Pe. 3, 15).  

12.     Queridos hermanos, cuiden el rebaño en medio del cual el Espíritu Santo les ha puesto como Obispos para apacentar a la Iglesia de Dios. Estén vigilantes (cfr. Hch. 20, 28-38). En efecto, “la santidad a la que está llamado el Obispo exige el ejercicio de las virtudes –las virtudes teologales en primer lugar– y de los consejos evangélicos. Su santidad personal debe repercutir en beneficio de los que han sido confiados a su cuidado pastoral, y a los que deben servir. La vida de oración fecundará desde dentro su apostolado. Un Obispo debe ser amante de Cristo. La distinción y autoridad moral que sustentan el ejercicio de su potestad jurídica, solo pueden venir de su santidad de vida” (Africae munus, n. 100). 

13.     Por último, confío a cada uno de ustedes, a sus Diócesis y a su ministerio episcopal a la protección maternal de la Santísima Virgen María, nuestra Madre Inmaculada. Que por su intercesión, el Espíritu santo fortalezca su deseo de dedicarse de todo corazón a servir a Dios y a permanecer unidos en el cumplimiento de su voluntad.

 


Publicado por verdenaranja @ 22:29  | Hablan los obispos
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