Mi?rcoles, 25 de junio de 2014

Alocución de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, en la solemnidad del Corpus Christi (21 de junio de 2014) (AICA)

Corpus Christi

En la Solemnidad del Corpus Christi celebramos con gratitud y espíritu de adoración el sacramento de la presencia real de Jesucristo, la Eucaristía. La vida cristiana nace y crece en el encuentro vivo con Jesucristo. ¿Cuáles son los lugares de este encuentro con Jesucristo? Él mismo nos habla de su presencia como un testamento vivo a través de su Palabra y de los Sacramentos. Para ello instituyó la Iglesia, cuya misión propia es ser el ámbito de encuentro con Él donde lo recibimos y desde dónde lo predicamos, por eso ella es nuestra casa y la llamamos nuestra madre. El Documento de Aparecida al hablar de los lugares de encuentro con Jesucristo, nos dice que en primer lugar es necesario: “proponer a los fieles la Palabra de Dios como don del Padre para el encuentro con Jesucristo vivo, camino de auténtica conversión y de renovada comunión y solidaridad” (Ap. 248). Para luego, agregar: “La Eucaristía es el lugar privilegiado del encuentro del discípulo con Jesucristo. Con este sacramento, Jesús nos atrae hacia sí y nos hace entrar en su dinamismo hacia Dios y hacia el prójimo” (Aparecida 251). Como vemos, Jesucristo no nos ha dejado sólo una doctrina a la manera de un maestro, sino su misma Vida como una realidad que estamos llamados a compartir.

Hoy, al celebrar el Corpus Christi, la Iglesia quiere dirigir su mirada agradecida a Su presencia real en el sacramento de la Eucaristía. La fe en esta presencia del Señor se apoya en su misma Palabra, a la que siempre volvemos para renovar nuestro encuentro, iluminar nuestra vida y dar sentido a nuestro caminar. En el Discurso sobre el Pan de Vida, que leemos en la liturgia de este día, el Señor nos habla de su voluntad de quedarse con nosotros en este sacramento: “Yo soy el Pan Vivo, (nos dice) el que coma de este Pan que es mi cuerpo, tendrá mi Vida” (Jn. 6, 53), para luego en la última Cena decirle a los apóstoles: “Tomen y coman esto es mi Cuerpo que se entrega por ustedes” (Mt. 26, 26). Con estas Palabras, el Señor nos deja su Vida como alimento, nos hace destinatarios de su Evangelio, y llamados a ser sus testigos. Este encuentro con Jesucristo es el camino más seguro que me lleva a compartir su Vida y su Misión. No seguimos una idea o sólo una doctrina, sino a una Persona que nos comunica su Vida, y con quién hoy podemos establecer un vínculo personal. Dios, en Jesucristo, se ha hecho Camino y Vida para nosotros. Cuando san Pablo quiere explicar dónde está la presencia de Jesús y quién está llamado a realizar la misión de predicar su Evangelio en el mundo, les dice a los Colosenses, esta presencia y esta misión está en ustedes, es: “Cristo en ustedes” (Col. 1, 27). Esta es la mejor definición de la Iglesia y del cristiano en el mundo.

Este año hemos elegido como lema de nuestra celebración del Corpus Christi: “La Eucaristía nos hermana y reconcilia”. Estamos hablando de la presencia de Jesucristo que se nos comunica como un don y nos compromete a ser sus testigos. No podríamos celebrar y compartir la Eucaristía y, al mismo tiempo, no asumir la vida y la misión de Jesucristo. La Eucaristía es el Pan que nos hace hermanos. ¡Cuántas heridas y distancias hay entre quienes celebramos el sacramento del amor, de la reconciliación y la comunión! Si la Eucaristía no nos hace entrar en ese “dinamismo hacia Dios y hacia el prójimo”, es señal de que no participamos plenamente en ella, en su Vida y exigencia fraterna. No debemos “acostumbrarnos” a celebrar la eucaristía como una rutina de nuestra vida religiosa, sino que siempre debe tener el sentido de lo nuevo, de aquello que nos desafía, que mantiene nuestra juventud espiritual y nos abre a una esperanza con horizontes de eternidad. ¡Qué triste la imagen de una comunidad que celebra la Eucaristía, y muestra el rostro de una Iglesia cansada, sin alegría y con falta de dinamismo misionero!

Reciban de su obispo junto a mi afecto y oración, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 22:53  | Hablan los obispos
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