Lunes, 14 de julio de 2014

Alocución de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz (12 de julio de 2014) (AICA)

La Palabra de Dios

Las lecturas de este domingo nos hablan de la eficacia de la Palabra de Dios. Nuestra fe se apoya en el testimonio de un Dios que habló. Esto nos introduce en el camino que Dios ha elegido para hablarnos y llegar a nosotros. La Palabra es revelación y lugar de encuentro con Dios. Cuando el Documento de Aparecida nos habla de los lugares de encuentro con Jesucristo, nos dice que la Palabra es el primer lugar de este encuentro (Ap. 247). Este el camino que Dios ha elegido para revelarnos su vida y nuestro camino hacia él, así nos lo dice: "Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo" (Heb. 1, 1-2). Este hablarnos a través de su Hijo, marca el centro de la fe y el culmen de su revelación.

Podemos distinguir entre la eficacia y la fecundidad de la Palabra de Dios. El profeta Isaías pone el acento en su eficacia: "la palabra que sale de mi boca, no vuelve a mi estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero" (Is. 55, 11). La parábola del sembrador que leemos en san Mateo (Mt. 13, 1-23), nos muestra la importancia del terreno que la recibe. La Palabra, en la figura de la semilla, siempre es eficaz, pero su fecundidad depende del terreno donde cae. Esto introduce el tema de nuestra libertad, hay algo que siempre depende de nosotros. Dios no ha creado "robots", sino hombres libres. Es cierto, también, que todo depende de Dios. Por ello nuestra principal oración debe ser pedirle al Señor ser tierra fecunda. La vida cristiana no es voluntarismo. Estamos ante el misterio de nuestra libertad y la gracia. San Agustín, como teólogo de la gracia concluía su oración diciendo: "da quod iubes, et iube quod vis", que podríamos traducirla: dame Señor (como gracia) lo que me pides, y después pídeme lo que quieras.

Además de la oración como preparación para recibir la Palabra de Dios, hay un plano que llamaría humano de rectitud moral. La persona que busca el bien y la verdad, la justicia y la paz, está a la puerta de la gracia del encuentro con Dios. Recuerdo la respuesta que le dio Jesús a aquel escriba que le había respondido sobre los mandamientos: "Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: Tú no estás lejos del Reino de Dios" (Mc, 12, 34). Si bien debemos hablar de un salto entre el orden natural y el sobrenatural hay, sin embargo, una lógica continuidad. En este camino de preparación al encuentro con Dios debemos hablar, también, del valor de la conciencia del hombre. San Pablo, cuando se refiere a los paganos que guiados por la naturaleza viven una correcta vida moral, dice que esto se debe, a que dicha Ley moral está inscripta en sus corazones: "Así lo prueba el testimonio de su propia conciencia, que unas veces los acusa y otras los disculpa" (Rom. 2, 14-15). Creo que esta "lógica continuidad" entre lo humano y divino se da en nosotros por nuestra común condición de criaturas, que nos habla y refiere a un mismo Dios Padre y Creador. Acercarnos a la Palabra de Dios con un corazón abierto es el comienzo de un diálogo único y personal.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 23:15  | Hablan los obispos
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