Martes, 12 de agosto de 2014

Alocución de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz (9 de agosto de 2014) (AICA)

Solemnidad de la Asunción de la Virgen María

El próximo 15 de agosto celebramos la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María. Hablamos de una mujer cercana a nosotros, de alguien que pertenece a nuestra misma condición humana. Esto, al tiempo que nos habla de su condición de criatura, de hija de Dios, nos habla también de una mujer única en el proyecto de Dios. Esta realidad que la hace única no la aleja de nosotros, por el contrario, la convierte en modelo de nuestro caminar de hijos de Dios, de discípulos de Jesucristo y de miembros de la Iglesia. Al dirigir nuestra mirada hacia Ella contemplamos nuestra vocación de criaturas y lo que estamos llamados a ser en el plan de Dios: hijos, discípulos y misioneros. Ella es un signo providencial en este camino de Dios hacia nosotros, que tiene su plenitud en Jesucristo, que se convierte en testimonio de fe y de generosa entrega.

Esto nos permite hablar de la relación entre Jesucristo, María y la Iglesia en el marco del plan de Dios. Ello no compromete el lugar ni la supremacía absoluta de Jesucristo, sino que nos habla de la pedagogía de Dios que llega a nosotros utilizando medios humanos; María ha sido la elegida para ser la madre de su Hijo. Sólo desde Jesucristo, por ello, comprendemos el lugar de María como la misión de Iglesia. Una devoción a la Virgen, por lo mismo, que no tenga su fuente en Jesucristo, ni su ámbito en la Iglesia, no pertenece al proyecto de Dios, diría que no es auténtica. La vida de la Virgen María, por haber sido elegida para ser la madre del Hijo de Dios, ha sido objeto de una mirada y de un cuidado especial en el plan de Dios.

A esta mirada y cuidado especial la podemos ver en esas intervenciones de Dios, me refiero a su Inmaculada Concepción que celebramos el 8 de diciembre, y a su Asunción que celebraremos el 15 de agosto: preservada, primero del pecado original y, luego, de las circunstancias físicas de la muerte. La fe de la Iglesia ha conservado en su memoria estas acciones de Dios en ella de un modo constante e ininterrumpido. Esto nos lleva a hablar, ante todo, del camino de Dios en ella. Esta realidad siempre ha sido vivida en la Iglesia como una verdad que nace de la misma Palabra de Dios, recibida y trasmitida por la tradición y que ha sido la fuente de la devoción del pueblo cristiano. La vida y la misión de la Virgen no es una creación de la fe del pueblo, ni de la Iglesia, sino una obra de Dios. Además, María nos es presentada en el Evangelio como un modelo de vida cristiana que nos enseña, con su vida y testimonio, como con sus breves palabras y silencio, a escuchar a Jesucristo. Así, la devoción a la Virgen es garantía de una sólida y madura fe en Dios, que nos lleva a Jesucristo y nos muestra el camino para ser miembros vivos de su Cuerpo, que es la Iglesia. Al ser la primera discípula y misionera de Jesucristo, Ella es modelo de espiritualidad y vida eclesial.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor y María Santísima.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 21:35  | Hablan los obispos
 | Enviar