S?bado, 23 de agosto de 2014

Mensaje del cardenal Mario Aurelio Poli, arzobispo de Buenos Aires, con motivo del Día del Catequista (AICA)

Catequistas para una Iglesia en salida

Querido hermano, tú obras fielmente,
al ponerte al servicio de tus hermanos,
incluso de los que están de paso,
y ellos dieron testimonio
de tu amor delante de la Iglesia.
(3° Jn 5-6a) 


 
Siempre es muy iluminador volver sobre el magisterio de Francisco, en especial cuando se dirige a los catequistas. Sus palabras pueden iluminar la espiritualidad y la identidad de quienes recibieron el ministerio de transmitir la fe a sus hermanos. En septiembre del año pasado se celebró en Roma un Congreso de catequistas y el Papa se dirigió a ellos diciéndoles: “El corazón del catequista vive siempre este movimiento de «sístole y diástole»: unión con Jesús y encuentro con el otro. Son las dos cosas: me uno a Jesús y salgo al encuentro con los otros. Si falta uno de estos dos movimientos, ya no late, no puede vivir. Recibe el don del kerigma, y a su vez lo ofrece como don. Esta palabrita: don. El catequista es consciente de haber recibido un don, el don de la fe, y lo da como don a los otros. Y esto es hermoso. ¡Y no se queda para sí su tanto por ciento! Todo lo que recibe lo da. No se trata de un negocio. No es un negocio. Es puro don: don recibido y don transmitido. Y el catequista se encuentra allí, en ese intercambio del don. La naturaleza misma del kerigma es así: es un don que genera la misión, que empuja siempre más allá de uno mismo. San Pablo decía: «El amor de Cristo nos apremia», pero este «nos apremia» también puede traducirse como «nos posee». Así es: el amor te atrae y te envía, te atrapa y te entrega a los demás. En esta tensión se mueve el corazón del cristiano, especialmente el corazón del catequista. Preguntémonos todos: ¿Late así mi corazón de catequista: unión con Jesús y encuentro con el otro? ¿Con este movimiento de “sístole y diástole”? ¿Se alimenta en la relación con Él, pero para llevarlo a los demás y no para quedárselo él? Les digo una cosa: no entiendo cómo un catequista puede permanecer firme sin este movimiento. No lo entiendo.”(1)

El Papa Francisco, quien nos ha dado testimonio de ser un buen catequista, nos invita a tomar conciencia del don recibido, apelando a la imagen del ritmo cardíaco para ilustrar los dos momentos que no pueden faltar en la vida de los servidores del kerigma: el contemplativo, porque se trata de un misterio al que hay acceder por la vía de la intimidad divina, la oración personal, y por otro lado, el compromiso misionero, que late en cada catequista, invitándonos siempre a dar generosamente lo que gratuitamente hemos recibido.

De tal modo que, los catequistas, contemplativos y misioneros, vienen a ser como los “pedagogos” que llevan a los catecúmenos al encuentro con el Resucitado, y su servicio, tan importante en el proceso de la trasmisión de la fe, está inmerso en un movimiento más amplio, que caracteriza a toda la evangelización, y que en este tiempo el Papa le puso el nombre de “una Iglesia en salida”.(2)

Sabemos que esa expresión tiene una dirección específica: las periferias geográficas, existenciales, sociales, culturales, etc. Al Papa le interesa que salgamos al encuentro de los hermanos que no conocen a Jesús y que también necesitan de la persuasiva pedagogía de la catequesis, siendo Él mismo el que los atrae.

Sabemos que a los catequistas les motivan los desafíos, porque cada grupo de niños y niñas, de jóvenes y adultos, traen sus experiencias de la fe, y a pesar de que vienen de ambientes donde no le dejan lugar al espíritu, buscan con sinceridad de corazón y se abren al camino de la fe y la piedad, tan solo porque el catequista le da confianza y lo alienta a buscar a Jesús, que siempre se deja encontrar. Por eso nos sorprende cuando al trasmitirles la más humilde de las verdades de la Iglesia, ellos abren sus corazones y se adhieren sinceramente por el testimonio y la palabra del catequista que los acompaña en el crecimiento de “las cosas” de Dios.

Yo bendigo a Dios por los miles de catequistas que hay en nuestra Arquidiócesis, los que han asumido su ministerio con alegría y no se guardan nada del don recibido. Por eso los felicito y los bendigo de corazón y les pido que se abran con docilidad al viento del Espíritu que nos lleva a una Iglesia en salida.

Cordialmente

Card. Mario Aurelio Poli, arzobispo de Buenos Aires

Notas

(1) Discurso del Santo Padre Francisco a los participantes en el Congreso Internacional sobre la catequesis, Sala Pablo VI Viernes 27 de septiembre de 2013.
(2) Evangelii Gaudium, 20-24.



Publicado por verdenaranja @ 23:11  | Hablan los obispos
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