Lunes, 01 de septiembre de 2014

Alocución de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz (30 de agosto de 2014) (AICA)

La sabiduría de la cruz

El seguimiento de Jesucristo es el centro del mensaje cristiano y el camino de una felicidad plena para el hombre. No podría ser de otra manera. No se podría predicar algo que no sea para el hombre un camino de vida y de realización. Jesucristo ha venido a iluminar y dar sentido a la vida del hombre (cfr. GS. 22), es decir, vino a asumir nuestra condición humana para enseñarnos a vivir nuestra verdad de hijos de Dios en lo concreto de este mundo. Dios, el hombre y el mundo es una relación que hace al centro del mensaje cristiano. En Jesucristo tomamos conciencia tanto de nuestra condición de criaturas, como de nuestra dimensión trascendente. Él ha venido a manifestarnos el sentido pleno de nuestra vocación en el mundo. Ello nos aleja de una actitud pesimista ante el mundo y nos abre, al mismo tiempo, a un horizonte de trascendencia.

Qué significado tiene la invitación que Jesucristo nos hace en el evangelio de este domingo, cuando nos dice: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a si mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mt. 16, 24). ¿Es necesario renunciar, tomar la cruz, en este mundo? Parecería que habría que evitar utilizar estas palabras para alcanzar una vida feliz. San Pablo, primer intérprete del evangelio nos habla, sin embargo, de la cruz en términos de sabiduría: “El mensaje de la cruz, nos dice, es locura para los que se pierden, pero es fuerza de Dios para nosotros” (1 Cor. 1, 18). Es una cruz que es signo de vida porque tiene su fuente y sentido en Jesucristo. No es una cruz que aplasta sino que se convierte en camino de una vida nueva. Al llamar a sus discípulos a “tomar la cruz y a seguirle”, él quiere asociarnos a su mismo camino, para darle a nuestra cruz el sentido pascual de una muerte que lleva a la vida. No es cristiano hablar de la cruz sin la resurrección.

A la cruz no la podemos preparar ni acomodar a nuestro gusto, no es un “pret a porter”, ella aparece en nuestra vida y tiene, incluso, mucho de imprevisto. Forma parte de la fragilidad de nuestra condición de peregrinos y hace a nuestro crecimiento espiritual. Descubrirla y asumirla es camino de vida y madurez. Una manera de no descubrir la cruz es sentirnos víctimas, o quejosos de todo lo que nos pasa. Casi siempre, en estos casos, vivimos comparándonos con otros y perdemos de vista el sentido pascual de una cruz que me purifica y madura en la fe. A la cruz no se la busca, se la asume cuando llega. Para descubrirla debemos pedir el don de la Sabiduría: “dame, Señor, la sabiduría que procede de Ti, para que me asista”, es una oración constante en los salmos. Ella nos ilumina para conocerla y se convierte, al mismo tiempo, en fruto de esa cruz que tiene para mí un sentido pascual como decía san Pablo; la que era locura para muchos, es: “fuerza de Dios para nosotros”. Diría que no la debemos buscar ni temer cuando llega, sí asumirla como parte de nuestro peregrinar en la fe y en el seguimiento de Jesucristo.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 23:42  | Hablan los obispos
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