Martes, 09 de septiembre de 2014

Alocución de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz (6 de septiembre de 2014) (AICA)

La corrección fraterna

Una característica del evangelio es que mira la vida concreta del hombre. No nos habla sólo de un mundo ideal al que tenemos que tender, sino de un mundo real que debemos asumir con sus límites. El mismo Jesús se nos presenta diciendo: “Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Lc. 5, 32). Qué importante es sentirnos parte de la realidad de este mundo con su grandeza y sus límites. No somos santos, pero el Evangelio nos abre un camino de vida y crecimiento. Ser conscientes de nuestra fragilidad nos hace más humanos, nos permite conocernos mejor y tener una mirada de misericordia frente a la debilidad de nuestro hermano. Esto no significa no tener una clara actitud de rechazo frente al pecado y la injusticia, sino participar de aquella actitud de amor que vemos en Jesucristo que siempre busca el bien.

El evangelio de este domingo nos habla de la corrección fraterna como una expresión de amor, que siempre busca el bien del hermano. Este amor, cuando es auténtico, no es demagógico porque no busca quedar bien con el otro sino ayudarlo a crecer. La corrección fraterna parte de una actitud interior, diría que nace en una oración por mi hermano, para luego en la intimidad de un diálogo decirle una palabra orientada al bien. Si tu hermano peca, nos dice el Señor: “ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano” (Mt 18, 15). ¡Qué triste la imagen de quién anda buscando encontrar defectos en su hermano para publicitarlos y, tal vez ocultando los propios sentirse juez y salir en defensa de los valores morales! Hay en ello mucho de fariseísmo. Esto, desgraciadamente, no es ajeno en la vida de la Iglesia. El amor, que es la base de la corrección fraterna necesita siempre de la verdad y de la humildad, y no siempre van juntas. La verdad no exime de la caridad, ella es su expresión superior.

El tema del mal y el pecado no se refieren sólo a la vida personal, tienen un alcance social. Esto nos lleva a hablar de pecados sociales, como de estructuras de pecado. La Iglesia se ha referido a ello muchas veces: “Las consecuencias del pecado, nos dice su Doctrina Social, alimentan las estructuras de pecado. Estas tienen su raíz en el pecado personal y, por tanto, están siempre relacionadas con actos concretos de las personas, que las originan, las consolidan y las hacen difíciles de eliminar” (C.D.S.I 119). Es el hombre con su libertad no sanada el que crea estas estructuras de pecado. Lo vemos en ese afán de ganancia a cualquier precio que se desentiende de la pobreza, en la sed de poder, en el avance del delito del narcotráfico, en la violencia, la guerra y la muerte. Frente a ello no cabe el silencio, es necesaria una palabra de denuncia que debe tener, desde la mira del evangelio, el espíritu de la corrección fraterna y no de un rédito político. Muchas veces la Iglesia, sea en las palabras del Papa Francisco como en el magisterio de los obispos, eleva una palabra que señala y denuncia esta realidad de pecado social, buscando con ello el bien del hombre y de la sociedad. Es expresión de una madura actitud de corrección fraterna dirigida a la vida social y política.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 22:07  | Hablan los obispos
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