Lunes, 03 de noviembre de 2014

Alocución de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz (2 de noviembre de 2014) (AICA)

Conmemoración de todos los fieles difuntos

 Celebramos este domingo la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos. Lo hacemos desde la fe, ello no significa negar o suprimir el dolor por la ausencia de nuestros seres queridos, sino vivir con esperanza y confianza la verdad plena de todo hombre. La fe amplía el horizonte de nuestra mirada, porque nos hace ver desde Dios el sentido último de nuestra vida y el significado de nuestra presencia en el mundo. No somos algo más en la creación, sino personas únicas, amadas por Dios y con un destino de eternidad. ¡Qué real y pedagógica es la imagen que nos define como peregrinos! Caminamos con la certeza de una esperanza que se apoya en la palabra de Jesucristo. Él es fiel, y ha venido, precisamente, para que no caminemos en la obscuridad. Él nos muestra el camino, nos descubre el sentido pleno de nuestra vida. La fe no es algo ajeno a la vida del hombre, sino una luz que le da un sentido y lo acompaña en su caminar.

Esto nos ayuda a comprender por qué celebramos a los fieles difuntos. Podría parecer que no habría motivos para celebrar algo que nos ha entristecido. Sin embargo, es una celebración que tiene un profundo sentido humano y espiritual. San Pablo, cuando les habla a los cristianos de Tesalónica, les dice: “No queremos, hermanos, que vivan en la ignorancia acerca de los que ya han muerto, para que no estén tristes como quienes no tienen esperanza” (1 Tes. 4, 13). Les habla de no estar tristes, como quienes no tienen esperanza, por no conocer el sentido pleno de la verdad del hombre como hijo de Dios. Esto es lo propio de la fe. Dios no nos ha creado para la muerte sino para la vida, que hoy ya la estamos viviendo y va en camino a una plenitud. La muerte es un momento de nuestra vida, pero no la última palabra. Desde la resurrección de Jesucristo podemos decir con la confianza de san Pablo: “La muerte ha sido vencida. E interrogarla desde la certeza de la fe: ¿Dónde está muerte, tu victoria? ¡Demos gracias a Dios, concluye Pablo, que nos ha dado la victoria por nuestro Señor Jesucristo! (1 Cor. 15, 54-57).

Esta dimensión teológica y espiritual no nos debe hacer indiferentes frente a la realidad humana del dolor, al que debemos asumir y acompañar con nuestra presencia y oraciones. Es un signo de fe en este día acercarnos a rezar por nuestros fieles difuntos, tal vez yendo a un cementerio, visitando o llamando a los familiares que han perdido un ser querido. La fe no nos encierra en el dolor, nos hace partícipes de él, pero nos abre a una esperanza que se apoya en la certeza del amor de Dios que hemos conocido por Jesucristo. ¿Qué importante, por ello, es conservar la sabia costumbre de poner un crucifijo como señal de nuestra esperanza!

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 21:03  | Hablan los obispos
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