Domingo, 16 de noviembre de 2014

Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, en el programa radial Compartiendo el Evangelio (Domingo 9 de noviembre de 2014 - Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán) (AICA)

Templos vivos del Espíritu Santo

Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas.
Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio".
Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá.
Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?". Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar". Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?". Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado. (San Juan 2, 13-22)                       



¿Por qué la Iglesia celebra hoy la dedicación a San Juan de Letrán? Porque es la primera Iglesia de Occidente y es el centro de Roma. En aquella ciudad murieron Pedro y Pablo, y allí se trasladó el centro de atención religiosa. Jesús nació en Jerusalén. Israel, y Pedro y Pablo confesaron y dieron su vida en Roma. Esta Iglesia, San Juan de Letrán, tiene dos patronos muy importantes: San Juan el Bautista y San Juan Evangelista.

La idea del Templo, lugar del encuentro con Dios, con uno mismo y con todos el Pueblo de Dios, no son las paredes sino el Espíritu que está presente en esos lugares y nunca se reduce al sitio porque, cada uno de nosotros los bautizados y confirmados, también somos templos del Espíritu Santo porque fuimos bautizados y santificados; somos santos por la presencia de Dios.

Dios es luz, por eso no tenemos derecho a permanecer en las tinieblas y nuestras obras no pueden ser de muertos sino de vivos, y nuestro compromiso no puede ser superficial sino rotundo, concreto, real.

Pidamos al Señor darnos cuenta que tenemos que vivir de acuerdo al Espíritu de Dios. Cristo ha edificado, Él es la piedra angular, es el Centro, Él tiene la primacía y no hay otro fuera de Él. Este Cristo está unido al Padre y con el Padre nos ha enviado al Espíritu Santo en Pentecostés, dando inicio a la Iglesia.

En ese Pentecostés, el Templo está sostenido por el Espíritu Santo. ¡Piedras vivas, no piedras muertas! ¡Piedras calientes, no piedras frías! Que cada uno de nosotros, cristianos, creyentes, podamos vivir de acuerdo al Espíritu que nos anima, nos ayuda a sostenernos y anunciar a Dios que está vivo y no muerto. Recordemos que somos Templos vivos del Espíritu Santo

Les dejo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús


Publicado por verdenaranja @ 21:09  | Hablan los obispos
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