Martes, 18 de noviembre de 2014

Alocución de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz para 37º domingo durante el año (16 de noviembre de 2014) (AICA) 

Los talentos son una tarea al servicio de la comunidad

El evangelio de este domingo nos habla de la diversidad de talentos como dones que hemos recibido, y de la exigencia de responder de acuerdo a ellos. La diversidad de talentos podría parecer que se niega la igualdad entre todos los hombres, sin embargo, en esta parábola el Señor nos da una enseñanza que debemos aprender y poner en práctica. La igualdad entre los hombres es lo primero y deriva de su dignidad personal, todos somos iguales. En este sentido es muy claro el Concilio Vaticano II, cuando afirma: “Hay que superar y eliminar, como contraria al plan de Dios, toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión” (G. S. 29, 2). Solo podemos hablar de diversidad de talentos en el hombre, desde la misma y única igualdad de naturaleza humana. ¿Cómo explicar las diferencias?

El hombre necesita de los demás, no dispone de todo lo que es necesario para su crecimiento integral. No somos islas, somos parte de una misma familia en la que estamos llamados a crecer desde nuestra diversidad. La solidaridad se convierte, así, en una realidad que nos compromete a acompañar a nuestros hermanos. En este sentido podemos hablar de diversidad de talentos, como un don que se convierte en una tarea. El Catecismo de la Iglesia Católica, al hablar de este tema nos dice: “Estas diferencias pertenecen al plan de Dios, que quiere que cada uno reciba de otro aquello que necesita, y que quienes disponen de “talentos” particulares comuniquen sus beneficios a los que los necesiten. Las diferencias alientan y con frecuencia obligan a las personas a la magnanimidad, a la benevolencia y a la comunicación. Incitan a las culturas a enriquecerse unas a otras” C. I. C. 1937). Esto nos hace comprender la riqueza del don, pero sobre todo su obligación moral como una tarea que debemos asumir.

Cuando la diversidad de talentos no se vive en el marco de una cultura de la solidaridad, y esto es común desgraciadamente en una cultura individualista, se viven en el mundo: “desigualdades escandalosas que afecta a millones de hombres y mujeres. Están en abierta contradicción con el Evangelio (de los talentos). Concluyo compartiendo la misma cita del Concilio: “La igualdad de las personas exige que se llegue a una situación de vida más humana y más justa. Pues la excesivas desigualdades económicas y sociales entre los miembros o pueblos de una única familia humana resultan escandalosas y se oponen a la justicia social, a la equidad, a la dignidad de la persona humana y también a la paz social e internacional” (G.S. 29, 3). Debemos concluir, por ello, que: “El principio de solidaridad, expresado también con el nombre de “amistad” o “caridad social”, es una exigencia directa de la fraternidad humana y cristiana” (C.I.C 1939).

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 22:05  | Hablan los obispos
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