Mi?rcoles, 17 de diciembre de 2014

Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor" (13 de diciembre de 2014) (AICA)

Preparemos bien la Navidad

Tengo que empezar pidiéndoles disculpas de antemano porque voy a tratar un tema que en años anteriores he abordado varias veces y supongo que ustedes me siguen todos los años. Se trata de cómo tenemos que plantearnos la proximidad de la Navidad.

Lo hago nuevamente porque tengo la impresión de que ya en las primeras semanas de diciembre se produce una especie de aceleración. Estamos preocupados por tantas cosas (que son buenas, normales, naturales, pero que son secundarias). De tal manera se puede pensar que la Navidad queda absorbida en una especie de plural sospechoso que son “las fiestas.

Se suele decir que “vienen las fiestas”. Pero: ¿qué fiestas? Es verdad que no solamente celebramos Navidad; también celebramos el Año Nuevo y la venida de Los Reyes, pero la Navidad es la Navidad. Me parece que no puede ser “tragada” por las fiestas, sobre todo por nosotros los cristianos.

Tenemos que ir preparando nuestro corazón para recoger el mensaje propio de la Navidad: es la venida de Cristo. ¡Nada menos! Entonces debemos ir pensando desde ya cómo la vamos a celebrar.

Normalmente se hace una celebración en familia y muchas veces ese hecho es ocasión para reunir una familia por lo menos semi dispersa. Pero por otra parte la Navidad sin la Misa de Navidad no es completa, si es posible la Misa de Noche Buena. De lo contrario la Navidad pierde su sentido y su sabor propiamente cristiano.

Está bien que hay que preparar el arbolito, pero antes que el arbolito yo diría que hay que preparar el pesebre, porque el arbolito es muy lindo y tiene una tradición cristiana, pero según creo, propia de los países nórdicos, El pesebre en cambio es más cercano a nosotros, es latino y lo hemos heredado de España y de Italia.

Ustedes probablemente saben que hay obras maestras del pesebrismo. He visto algunas que me dejaron sorprendido. Parecen ciudades enteras y es interesante notar cómo alrededor de ese pesebre muchas veces tan sencillo, en la cunita del niño Dios parece que gira el mundo entero.

Este hecho es muy significativo desde el punto de vista de la doctrina católica, de la espiritualidad cristiana: quiere decir que la Navidad es el acontecimiento central de la historia si se lo piensa con una cabeza cristiana. Cristo es el centro de la historia, es nuestro Salvador y tenemos que pensar la Navidad desde esta perspectiva.

Otra cosa: ¿En qué medida, además, nosotros vamos a limpiar nuestro corazón para recibir al Señor? En el mensaje de Navidad hay un contenido de simplicidad. ¿Simplicidad qué quiere decir? Inocencia. Nosotros no somos inocentes, desgraciadamente. Hemos sido inocentes gracias al bautismo, pero después cuántas cosas se pusieron en el camino. La Navidad nos trae un mensaje de inocencia, un deseo de renovación, de pureza, también porque junto al niño Jesús está la Santísima Virgen. Y el bueno de San José.

Tenemos que pedirle a Ella, que es experta en las cosas de Dios, Ella que estuvo más cerca que nadie de Jesús, que nos ayude a preparar la Navidad. Insisto: no olvidemos a San José, un personaje silencioso, que a mí se me ocurre que lo era también como la Virgen, pero San José es especialmente silencioso porque guardaba ese segundo puesto discretamente. Pensemos lo que significaba para ese matrimonio recibir al Dios eterno, al Dios que creó el cielo y la tierra, al Verbo, que es como el pensamiento de Dios. Ellos lo hicieron con toda simplicidad y con todo amor.

Pues bien, algo de eso tiene que ocurrir en nuestra Navidad. No tengamos vergüenza, no tengamos miedo, introduzcamos en ese plural ambiguo de “las fiestas” la identidad propia de la Navidad.

Se los digo con tiempo y he querido adelantarme a la fecha para que, como yo trato de hacerlo, humildemente, ustedes también se preparen para entonces de modo que, anticipadamente, podemos desearnos una Feliz Navidad. Será feliz si resulta la consecuencia de esto que les vengo proponiendo.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


Publicado por verdenaranja @ 20:06  | Hablan los obispos
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