Viernes, 20 de febrero de 2015

Reflexión a las lecturas del domingo primero de Cuaresma - B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe  "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

 Domingo 1º de Cuaresma B  

Estos días se nos hace un anuncio importante: dentro de unos 40 días celebraremos la Pascua, la fiesta más grande e importante de los cristianos, que tiene su  eco en cada domingo del año. Y, si es la más importante, será la que más y mejor tenemos que preparar.

¿Y cómo prepararla? Las fiestas de la Iglesia tienen su centro en las celebraciones litúrgicas y en el corazón de los fieles. Se trata, por tanto, de una preparación fundamentalmente interior. Para ello seguimos el ejemplo de Jesucristo, que, al comienzo de su Vida Pública, “fue empujado por el Espíritu” al desierto, donde es tentado por el diablo, como leemos en el Evangelio de hoy. Allí se prepara para la misión que inmediatamente va a comenzar y que tiene enormes dificultades hasta terminar en la Cruz.

Como los grandes personajes de la Historia Santa, Jesús  vendrá del desierto. ¡Siempre ha sido el desierto un punto de referencia en la vida de la Iglesia! Muchos cristianos, en los primeros siglos, se retiraban al desierto y allí se dedicaban a la oración y a la penitencia.  Todos necesitamos de esa experiencia; y, si no podemos ir al desierto, de algún modo, tenemos que hacer desierto en nuestra vida, incluso en nuestra propia casa. ¡Por aquí se comienza a entrar en la Cuaresma! En efecto, sin un encuentro con Dios, que nos llama y nos habla, no hay Cuaresma posible. Y sin Cuaresma, es decir, sin preparación, no habrá una Semana Santa adecuada ni unas buenas Fiestas de Pascua. Esto suele suceder mucho. Por otra parte, esta experiencia de la Cuaresma nos servirá de punto de referencia para el resto del año, porque siempre necesitamos algunos espacios de desierto.

El Evangelio de hoy nos dice que Jesús “se deja tentar” por Satanás. La tentación es real: Jesús se siente verdaderamente tentado; pero vence al adversario, triunfa en la tentación. Esta victoria de Cristo prefigura el triunfo definitivo por su Resurrección, cuya celebración nos disponemos a celebrar. Cuando comenzamos nuestro itinerario cuaresmal, también con sus tentaciones y dificultades, ¡cuánto nos ayuda y nos anima contemplar la figura de Cristo Vencedor!

Me impresiona cada año cómo el Papa y toda la Curia Romana, se retiran a practicar los Ejercicios Espirituales, en la primera semana de Cuaresma. ¡Eso es tomar la Cuaresma en serio!

La primera lectura de hoy nos presenta la alianza del Señor con Noé al terminar el Diluvio; y en  la segunda, S. Pedro nos dice que aquello prefiguraba el Bautismo, en el que el hombre consigue del Señor “una conciencia pura”. Con relación a este Sacramento, la Cuaresma se celebra de dos formas distintas: los adultos, que van a ser bautizados la Noche Santa de la Pascua, intensificando su preparación al Bautismo y a los demás sacramentos de Iniciación Cristiana; los que estamos ya bautizados, preparándonos para renovar en serio, en la Noche de la Pascua, nuestro Bautismo, como si comenzáramos de nuevo a ser cristianos. De un modo o de otro, la Cuaresma hay que celebrarla siempre en clave bautismal.

En resumen, el Evangelio de hoy nos da la clave fundamental para todo este tiempo. Es lo que anuncia Jesús en Galilea: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia”.

Por último, si alguien me preguntara: “¿qué me aconseja que haga en este tiempo de Cuaresma para llegar bien preparado a la Pascua?”, le contestaría sin ninguna duda: “seguir fielmente la Liturgia de cada día”.   

  ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 12:07  | Espiritualidad
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