S?bado, 04 de abril de 2015

Reflexión a las las lecturas del Domingo de Pascua - B ofrecida por el sacerdote don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo de Pascua B

 

“¡Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo!”

De esta forma, con el salmo 117, expresa la Iglesia la alegría inmensa de la Resurrección del Señor.

Anoche comenzábamos la Vigilia Pascual escuchando estas expresiones del Pregón de Pascua: "Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del Cielo y, por la victoria de Rey tan poderoso, que las trompetas anuncien la salvación…”

Cualquiera que escuche estas expresiones, tiene que decirse: “¡grande tiene que ser este acontecimiento para que lo anuncien de esa manera!”.

Y, en realidad, es muy grande el hecho la Resurrección de Jesucristo y las consecuencias que se derivan para todos. Y es tan grandioso y sublime, que es  imposible celebrarlo en un solo día y se prolonga en los días de la semana de Pascua y en todo el Tiempo Pascual. Son cincuenta días de alegría y fiesta en honor de Cristo Resucitado, que se  han de celebrar  “con alegría y exultación como si se tratara de un único día festivo, más aún, de un gran domingo".

A lo largo de este tiempo, iremos reflexionando sobre los distintos aspectos de la Resurrección del Señor y de sus repercusiones en nuestra vida. Pero en este día tan grande, les ofrezco, con mi mayor afecto y mis mejores deseos, algunas reflexiones:

En la Resurrección del Señor llega a su punto culminante su victoria sobre el pecado, el mal y la muerte que había comenzado en la Cruz. ¡Y es también nuestra victoria! Él murió por nosotros, y por nosotros también resucitó, y nos ha querido hacer partícipes de su triunfo. El milagro asombroso de la Resurrección del Señor es la confirmación plena de que el Padre, en el Cielo, ha aceptado el Sacrificio de Cristo en la tierra, más aún, toda la misión que le había confiado realizar en el mundo. ¡Y, por tanto, ha llegado  la salvación!

Y la salvación se nos da a cada uno a través de los sacramentos. Por eso, el Tiempo Pascual es un momento privilegiado para celebrar y renovar los distintos sacramentos, especialmente, los de Iniciación Cristiana: el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía.

Durante toda la Cuaresma nos hemos venido preparando para ser capaces de renovar en serio nuestro Bautismo en la Noche Santa de la Pascua. Como si nos bautizáramos de nuevo esa Noche, como si comenzáramos de nuevo a ser cristianos. Y la mejor manera de renovar nuestro Bautismo, es recibir el Sacramento de la Reconciliación, al que los Santos Padres llamaban el “segundo Bautismo”. Por eso, son muchos los cristianos que estos días se acercan a este Sacramento tan importante. Ya el Papa S. León Magno decía que “es propio de la festividad pascual que toda la Iglesia goce el perdón de los pecados…” (Serm. 6º Cuar.)

Podríamos decir que con la Resurrección de Jesucristo no termina nada y comienza todo. La Resurrección cambia por completo el sentido de nuestra vida: Jesucristo está vivo y presente entre nosotros, en medio de nuestra vida de cada día. Lo encontramos, sobre todo, en la Eucaristía del domingo, que es como un eco del domingo de Pascua. Cambia, incluso, el sentido del sufrimiento y de la muerte. Para S. Pablo es impensable, por ejemplo, que los que por el Bautismo formamos con Cristo un solo Cuerpo, no sigamos su mismo camino de exaltación después de nuestra peregrinación por la tierra.

En la segunda Lectura, el Apóstol nos pide coherencia de vida: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto…”

El hecho de la Resurrección del Señor nos impulsa también a ser, con mayor ardor, mensajeros de Cristo Resucitado por todas partes, y nos exige un testimonio de palabra y de obra, cada vez más convincente.  Esto se va repitiendo constantemente en las apariciones de Cristo Resucitado.  Hoy, por ejemplo, en el Evangelio de la Vigilia, San Marcos nos dice lo que aquel varón, vestido de blanco, encarga a las mujeres: “Ahora id a comunicar a sus discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí le veréis, como os dijo”.

Que también nosotros seamos capaces de comunicar a todos la dicha inmensa de la Resurrección del Señor.


Publicado por verdenaranja @ 16:59  | Espiritualidad
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