Martes, 14 de abril de 2015
Alocución de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz (11 de abril de 2015)
La Iglesia Católica nace en la Pascua

La Iglesia es fruto de la Pascua. Ella se nos presenta como la comunidad fundada por Jesucristo a lo largo de su vida, según narran los evangelios, para dejarnos en ella el testamento de su presencia en su Palabra y los Sacramentos. La Iglesia no es una creación de los apóstoles, sino una decisión del Señor que ha querido construirla con “piedras vivas” que es cada cristiano, apoyadas sobre la única “piedra angular” que es Jesucristo, y animada por el Espíritu Santo (cfr. 1 Ped. 2, 4). No estamos ante un mero hecho histórico o sociológico, aunque sea una realidad visible con la fragilidad de lo humano, sino ante un acontecimiento que se inscribe en esa historia de salvación que tiene a Dios por autor. Solo desde la fe es posible comprenderla en su dimensión humana y divina. A muchos los puede escandalizar, para el cristiano es una verdad de fe que se apoya en la voluntad del Señor, a la que amamos y compromete en su misión. El después de la Pascua de Jesucristo se llama Iglesia.

Cuando el Concilio Vaticano II quiere expresar esta realidad de la Iglesia constituida por un elemento humano y otro divino, utiliza la misma persona de Jesucristo: “Por esta profunda analogía, dice, se asimila (la Iglesia) al Misterio del Verbo encarnado. Pues así como la naturaleza asumida sirve al Verbo divino como órgano de salvación a Él indisolublemente unido, de forma semejante, concluye, la unión social de la Iglesia sirve al Espíritu de Cristo, que la vivifica, para el incremento del cuerpo” (L. G. 8). Cuando tomamos conciencia de que la Iglesia somos cada uno nosotros que, como piedras vivas unidos a Jesucristo y animados por su Espíritu, estamos llamados a ser como su humanidad para que Él pueda caminar con nosotros, cuando comprendemos esto, decía, comprendemos a la Iglesia. Esta conciencia era muy clara en san Pablo cuando les decía a los cristianos que el misterio de Cristo, la Iglesia es: “Cristo entre ustedes, la esperanza de la gloria” (Col. 1, 27). Esta es nuestra verdad como Iglesia y nuestra responsabilidad frente al mundo.

El evangelio de este domingo nos habla de uno de los diálogos de Jesús con sus apóstoles después de la resurrección, y en el que les marca y nos marca el camino como Iglesia. Luego del saludo de paz, les dice: “Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes” (Jn. 20, 21). Creo que este texto es una de las mejores definiciones de la Iglesia, en él se nos muestra la continuidad de la misión de Jesucristo en cada uno de nosotros. El Papa Francisco nos hablaría de una “Iglesia en salida”, una Iglesia que no se entretenga mirándose a si misma, sino que tome conciencia de que su única verdad es ser presencia viva de Jesucristo en el mundo. La fuente remota de la Iglesia es siempre el amor del Padre que nos envía a su Hijo, la fuente próxima es Jesucristo que nos envía a continuar su misión. Debemos recordar que la misión y fecundidad de la Iglesia necesita de “piedras vivas”, que vivan y crezcan unidas a Jesucristo. ¡Qué sepamos, Señor, descubrirnos como parte de ella para ser tu presencia viva en el mundo”.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

Publicado por verdenaranja @ 23:25  | Hablan los obispos
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