Mi?rcoles, 29 de abril de 2015
Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor" (25 de abril de 2015) (AICA)

La moda del boliche
 
Mis amigos hoy quiero hablarles de algo de mucha actualidad pero que es un tema un poco duro. Les pido disculpas pero he sentido que tengo que hablar de esto que yo titularía la moda del boliche.

Se me ocurrió hablarles de este tema porque hace poco estuve confesando a muchos chicos y chicas y saqué como conclusión  que el boliche, tal como lo entienden los adolescentes hoy día, es una ocasión próxima de pecado. Esta expresión que acabo de pronunciar asusta un poco. Digo ocasión próxima de pecado porque uno se mete en eso, participa y hay más posibilidad de hacer alguna macana.

No sé si ustedes están al tanto de esta realidad. Ustedes deben ser más jóvenes que yo pero en mi época no existían los boliches y si existían yo no me daba cuenta por lo cual estaba bastante protegido aunque tal vez macanas habré cometido pero de otro tipo.

Yo escuchaba a  chicos y chicas buenísimos que se confesaban, pero sin embargo destacaban que cuando iban al boliche se convertían en otras personas, y al parecer eso es lo que ocurre. Hay una especie de moda que presiona sobre los chicos, especialmente sobre los adolescentes, cada vez más temprano.

Nunca he ingresado en un boliche pero, a veces, desde mi ventana puedo oír las cosas que se cantan en la plaza. Es hasta lógico: ¿Ustedes se imaginan horas y horas, después de la medianoche, con una música que casi no tiene armonía, que son golpes y golpes, y saltan y saltan? Primero, los chicos tuvieron la, llamada, “previa” y ya cuando entran al boliche vienen así y luego sigue lo que ustedes se imaginarán. Entonces los chicos y las chicas cuando están un poquito inspirados, digámoslo así, meten la pata.

¿Porqué ocurre esto? Ocurre por que algunos padres, no son todos, no tienen idea de lo que pasa en el boliche. Son absolutamente inocentes, o indiferentes o están con una incuria tal en el trato con sus hijos que, como lo hacen todos, permiten que lo hagan ellos también.

Los padres, los padres cristianos especialmente, tienen que cuidar a sus hijos, hablarles con claridad acerca de las cosas fundamentales porque lo que yo veo en esa agitación y, a veces, excitación del boliche, es que se pierde el sentido de la vida, hay un vacío fenomenal allí. Entonces, esos chicos se convierten en otra cosa, en otra persona.

Esto me recuerda una frase de Freud que decía que detrás del placer se agazapa siempre el peligro de la muerte, el sentido de la muerte, la atracción de la muerte. Y fíjense las cosas que ocurren, como las riñas a la salida de los boliches todo el tiempo y a veces hasta empiezan dentro también.

Muchas veces chicos inocentes pierden la inocencia, conozco casos en que terminan fumando un cigarrito de marihuana además de pasarse con la cerveza. ¿Ustedes creen que esas cosas no dejan huella? ¿Cómo no va a dejar huella? ¿Cómo se va formando la personalidad de esos chicos? ¿Cómo ellos pueden ir como plasmando un sentido de la vida? Parece que esa felicidad pasa inmediatamente y no queda nada, es una felicidad momentánea.

Al comenzar les dije que era un tema un poco duro y, seguramente, muchos no van a entender lo que digo. Les decía que es una ocasión próxima de pecado. Además de eso, dejemos entre paréntesis el problema moral, aquí hay un problema humano, de formación del varón y de la mujer. Esas experiencias tempranas, no se engañen, dejan huellas, huellas malas, y nosotros tenemos que cuidar a esta generación, los padres tienen que cuidar a esta generación porque de esto depende el futuro del país y de la sociedad:

He visto, en algún caso, padres que a las siete y media de la mañana están esperando a su hija que sale del boliche para que no la toquen, para que no le hagan nada cuando sale. Los padres tienen que explicarles muy bien de qué se trata porque hay miles de maneras de divertirse y de divertirse bien, de reunirse con amigos, de bailar en las casas, o tantas otras cosas. ¿Les parece que estoy diciendo una antigualla? Pues no lo creo, en cambio creo que estoy adelantándome al futuro, estoy adelantándome a lo que puede ocurrir. Yo no lo veré, pero quisiera ver que pasará dentro de 20 o 25 años.

Les dejo esto para que ustedes piensen,  pero también les digo que no piensen mal de mi, no soy un troglodita. Hasta la próxima

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

Publicado por verdenaranja @ 23:23  | Hablan los obispos
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