Viernes, 29 de mayo de 2015

ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

 La Santísima Trinidad (B)

 

Hay una novela inglesa que nos presenta a unos demonios que trabajan en equipo, como una empresa: hay un diablo jefe y los demás diablos están a sus órdenes. Un día el jefe encarga a uno de aquellos diablillos de vigilar a un ateo. Tiene que hacer todo lo posible para que no se haga creyente; pero, a pesar de todo, el plan fracasa y el ateo se convierte y se hace creyente. Entonces el diablo aquel le escribe al diablo jefe, todo desanimado y frustrado, comunicándole que el ateo se había convertido. Pero el diablo jefe le contesta con toda tranquilidad: “¿Que se ha convertido? No importa. No te preocupes. Ahora procura que tenga una idea falsa de Dios”.

Verdaderamente el diablo jefe conocía bien el tema: ¡una idea falsa de Dios! Y ¡cuánto abunda! Una vez me encontré con un libro que se titula “El Dios en quien no creo”.

Frente a la fe en  Dios, nos encontramos, por tanto, con la negación de Dios, teórica y práctica, es decir, vivir con la convicción de que Dios no existe o no se puede conocer, o vivir como si Dios no existiera. Y nos encontramos también con la idea falsa de Dios. Más todavía, ¿quién puede decir que tiene un perfecto conocimiento del Dios verdadero? ¿No estamos todos en camino? Todos tenemos que ir acercándonos más y más al Misterio, hasta que lleguemos a contemplar cara a cara la hermosura infinita de su gloria.

El Papa San Juan Pablo II presentaba una de esas imágines falsas de Dios, en la Encíclica sobre el Espíritu Santo, Dominum et Vivificantem n. 38: Dios como enemigo del hombre.  Decía el Papa que, “a pesar de todo el testimonio de la Creación y de la economía salvífica inherente a ella,  el espíritu de las tinieblas es capaz de mostrar a Dios como enemigo de la propia criatura y, ante todo, como enemigo del hombre, como fuente de peligro y amenaza para el hombre..." "El hombre es retado a convertirse en adversario de Dios".

Lo constatamos muchas veces en la cultura moderna: Dios, enemigo del hombre, de su libertad, de su autonomía, de su felicidad. Hoy, por ejemplo, se presenta la Religión, los mandamientos, las orientaciones de la Iglesia como algo trasnochado, propio de otras épocas, que no contribuye, por supuesto, al bienestar del hombre. De esta forma, la Iglesia es también enemiga del hombre.

Sin embargo, en la primera lectura de este domingo, leemos:Guarda los preceptos y mandatos que te prescribo hoy para que seas feliz tú y tus hijos, después de ti y prolongues tus días en el suelo que el Señor tu Dios te da para siempre”.

El libro de Los salmos nos advierte: “Los que se alejan de ti, se pierden” (Sal 72, 27).

Además, la fe en el Dios trino y uno, no es algo puramente exterior a nosotros mismos porque el Espíritu de Dios infunde en nuestro interior, el espíritu de hijos, “que nos hace gritar: ¡Abba! (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con Él, para ser también con Él glorificados”. Es lo que leemos en la segunda lectura.

El Evangelio nos recuerda el mandato del Señor de ir y hacer discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que nos ha mandado.

Para ello es imprescindible, cada vez más, el testimonio de palabra y de obra de los creyentes, como el que nos ofrecen constantemente los monjes y monjas de clausura, a los que recordamos hoy en la Jornada “Pro Orantibus”. Ellos dedican su vida a la oración y al trabajo, constituyendo una gran riqueza para la Iglesia y para el mundo, como testigos del Dios viviente, que nos quiere felices en el tiempo y en la eternidad.  

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 23:11  | Espiritualidad
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