Viernes, 05 de junio de 2015

Reflexión a las lecturas de la solemnidad del Corpus Christi - B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

 Domingo de Corpus B 

           

Este año (B) la Liturgia del Corpus nos invita a reflexionar sobre la Eucaristía como alianza de Dios con los hombres, ratificada por la Sangre de Cristo.

En la vida de los hombres hay ocasiones en que se hacen necesarios los acuerdos, los pactos. ¡Y hace falta garantizar su cumplimiento! Cuántos ejemplos podríamos poner sobre las garantías que avalan los acuerdos, los pactos. ¡Hasta llegar a la sangre!

Dios, en su relación salvadora con nosotros, también se ha valido de estas realidades. En el Antiguo Testamento, se fueron sucediendo distintas alianzas: con Noé, con Abrahán…, hasta llegar a la alianza con todo el pueblo elegido, en el Sinaí. En la  primera lectura de este domingo, contemplamos esta alianza que se realiza a través de Moisés, que presenta al pueblo las condiciones del pacto. Y el pueblo responde: “haremos todo lo que dice el Señor y le obedeceremos”. Y Moisés rocía al pueblo con sangre de animales sacrificados. Esto nos da idea de la importancia y gravedad del acuerdo.

El Evangelio nos presenta el Cáliz de la Sangre de Cristo, que se derrama como Sangre de la alianza nueva y eterna.

La segunda lectura es un comentario acerca de esta alianza: “… Si la sangre de machos cabríos o de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen el poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la Sangre de Cristo que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo”.

Lo peculiar de este pacto es que se personaliza, se renueva, cada vez que se celebra la Santa Misa. Por eso, nuestra participación en ella nos compromete tanto. En cada celebración, especialmente, al terminar la Liturgia de la Palabra, también tenemos que decir nosotros: “haremos todo lo que dice el Señor y le obedeceremos”. Por eso nuestra participación en la Eucaristía tiene que hacernos mejores cumplidores de los mandatos del Señor, especialmente, del mandamiento nuevo, que son los términos del pacto. Y eso tiene que reflejarse en la vida de cada día.      

Los términos de la alianza, por tanto, se refieren al amor a Dios y a los hermanos. Por eso las grandes celebraciones eucarísticas suelen estar relacionadas con algún aspecto de la dimensión caritativo–social de la vida cristiana. Así, en el Corpus, celebramos el Día Nacional de Caridad y el Jueves Santo, el Día del Amor Fraterno.

En efecto, reconocer y adorar la presencia de Cristo en la Eucaristía ha de purificar nuestros ojos y nuestro corazón para reconocerle después presente en los hermanos, especialmente, en los que sufren y en los pobres.

En este tiempo de crisis, las necesidades se han multiplicado y urgen nuestra caridad que, como sabemos, es “la mejor forma de justicia”. Siempre tenemos delante de nuestros ojos, el reto de la  comunidad cristiana de Jerusalén en la que “ninguno pasaba necesidad” (Hch 4, 34).

En medio de tantas dificultades y sufrimientos, nos alegra constatar la respuesta positiva de tantos cristianos y asociaciones e instituciones de la Iglesia, especialmente, de Cáritas. Y esto siempre lo tenemos que intensificar, porque a los pobres los tenemos siempre con nosotros (Jn 12, 8).

                                                                                              ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 21:34  | Espiritualidad
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