Viernes, 19 de junio de 2015

Reflexión a las lecturas del domingo duodécimo del Tiempo Ordinario - B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

 Domingo 12º del T. Ordinario B   

Nos dicen que es fácil y frecuente un huracán en el Lago de Galilea. Aquello tuvo que ser muy fuerte: “las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua”. Los discípulos luchan contra el mar embravecido, mientras Jesús dormía. Hasta que lo despiertan agobiados y llenos de miedo: “¿No te importa que nos hundamos?”

 “Se puso en pie, increpó al viento y dijo al Lago: silencio, cállate. El viento cesó y vino una gran calma”. ¡Impresionante!

Era lógico que los discípulos se quedaran espantados, y se dijeran unos a otros: “¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!”

Nosotros los cristianos sabemos perfectamente quién es. Éste es el Hijo de Dios, el que crea y domina al mar, como recordamos en la primera lectura.

Por eso reprocha a los discípulos: “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?”

         Con hechos y palabras Jesús les va adentrando en el camino de la fe. Y ellos, poco a poco, se van abriendo al misterio.

         Aquella barca simboliza nuestra vida y la vida de la Iglesia, que surca el mar de la historia. Y aprendemos aquí la importancia de recordar y vivir siempre, que en la embarcación de nuestra vida y de la vida de la Iglesia, va el Señor.

         Nos dice el Evangelio que otras barcas le acompañaban. Pero, en una de ellas, iba el Señor, aunque fuera dormido.

         A todos nos hace sufrir el “sueño de Jesús”, el “silencio de Dios” ¡Tantas veces parece que está dormido! ¡Que no está! Y nos hacemos muchas preguntas.

         Pero podemos despertarle… Incluso, de un modo en que no nos reproche nuestra falta de fe. ¡Lo fundamental es que el Señor vaya en la barca!

         Recuerdo aquel canto que dice: “Cristo está conmigo, junto a mi va el Señor, me acompaña siempre, en mi vida, hasta el fin”. Y las estrofas van diciendo: Ya no temo, Señor, la tristeza, la soledad, la noche, la muerte y la eternidad…

         También en el salmo 22 proclamamos: “Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo porque tú vas conmigo”.

         Me parece que los espacios de oración y de Eucaristía, son fundamentales a la hora de vivir esta dimensión de nuestra vida de cristiana.        

                                                        ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR! 


Publicado por verdenaranja @ 18:26  | Espiritualidad
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