Saludo a todos ustedes, trabajadores, empresarios, autoridades, jóvenes y familias presentes en este encuentro, y les doy las gracias por sus intervenciones, que muestran un sentido de responsabilidad para hacer frente a los problemas causados por la crisis económica, y por haber dado testimonio de que la fe en el Señor y la unidad de la familia son de gran ayuda y apoyo.

Mi visita a Turín comienza con ustedes. Y en primer lugar quiero expresar mi cercanía a los jóvenes desempleados, a las personas que reciben una prestación social o están en situación de precariedad; pero también a los empresarios, a los artesanos y a todos los trabajadores de los diferentes sectores, sobre todo a los que tienen más dificultades para seguir adelante.

El trabajo no sólo es necesario para la economía, sino para la persona humana, para su dignidad, para su ciudadanía, y también para su inclusión social. Turín es históricamente un centro de atracción de trabajo, pero hoy está fuertemente afectado por la crisis: el trabajo que falta, han aumentado las desigualdades económicas y sociales, muchas personas se han empobrecido y tienen problemas con la vivienda, la salud, la educación y otros bienes básicos. La inmigración aumenta la competencia, pero los migrantes no deben ser culpados, porque son víctimas de la iniquidad, de esta economía que descarta y de las guerras. ¡Es lamentable ver el espectáculo de estos días, en los que los seres humanos son tratados como mercancía!

En esta situación estamos llamados a reafirmar el ‘no’ a una economía del descarte, que pide resignarse a la exclusión a quienes viven en la pobreza absoluta, en Turín casi una décima parte de la población. Se excluyen a los niños (¡natalidad cero!), se excluyen a los ancianos, y ahora se excluyen a los jóvenes (¡más del 40 por ciento de los jóvenes desempleados!). Lo que no produce se excluye a la manera de "usar y tirar".

Estamos llamados a reafirmar el ‘no’ a la idolatría del dinero, que nos impulsa a entrar a cualquier precio en el número de los pocos que, a pesar de la crisis, se enriquecen, sin tener en cuenta a muchos que se empobrecen, a veces hasta el hambre.

Estamos llamados a decir ‘no’ a la corrupción, tan difundida que parece una actitud, un comportamiento normal. Pero no con palabras, sino con hechos. ‘No’ a los acuerdos mafiosos, a las estafas, a los sobornos, y a este tipo de cosas.

Y solo así, uniendo las fuerzas, podemos decir ‘no’ a la inequidad que genera la violencia. Don Bosco nos enseña que el mejor método es el preventivo: también el conflicto social debe ser prevenido, y esto se hace con la justicia.

En esta situación, que no es solo turinesa, italiana, es global y compleja, no se puede simplemente esperar la “recuperación” --“esperamos la recuperación...”--. El trabajo es fundamental --se afirma desde el principio en la Constitución italiana-- y es necesario que el conjunto de la sociedad, con todos sus componentes, colaboren para que haya para todos y sea un trabajo digno para el hombre y la mujer. Esto requiere de un modelo económico que no esté organizado en función del capital y de la producción, sino más bien en función del bien común. Y hablando de las mujeres --de eso habló ella [la mujer que dio su testimonio]--, sus derechos deben ser protegidos con fuerza, porque las mujeres, quienes también llevan el mayor peso en el cuidado de la casa, los niños y los ancianos, siguen siendo discriminadas, también en el trabajo.

Es un gran reto que hay que afrontar con la solidaridad y la visión amplia; y Turín está llamada a ser una vez más la protagonista de una nueva era de desarrollo económico y social, con su tradición manufacturera y artesanal --pensemos, en el relato bíblico, que Dios ha hecho precisamente el artesano...--. Están llamados a esto: manufactura y artesanía, y al mismo tiempo con la investigación y la innovación.

Por eso es necesario invertir con valentía en la formación, tratando de cambiar la tendencia que ha visto caer en los últimos tiempos el nivel medio de educación, y a muchos jóvenes abandonar la escuela. Ella [dirigiéndose de nuevo a la trabajadora] iba a la escuela por la tarde, para poder ir adelante...

Hoy me gustaría unir mi voz a la de muchos trabajadores y empresarios para pedir que puede ser implementado también un “pacto social y generacional”, como ha indicado la experiencia del “Agora”, que están llevando a cabo en el territorio de la diócesis. Poner a disposición la información y los recursos, desde la perspectiva de “hacer juntos”, es un requisito previo para superar la difícil situación actual y construir una nueva identidad y adecuada a los tiempos y necesidades del territorio. Es el momento de reactivar la solidaridad entre las generaciones, para recuperar la confianza entre los jóvenes y los adultos. Esto también implica abrir posibilidades concretas de crédito para nuevas iniciativas, activar una constante orientación y apoyo en el trabajo, sostener el aprendizaje y la relación entre las empresas, la Escuela profesional y la Universidad.

Me gustó mucho que los tres hayan hablado de la familia, de los niños y de los abuelos. ¡No se olviden de esta riqueza! Los hijos son la promesa para llevar adelante este trabajo que señalaron, que recibieron de sus antepasados. Y los ancianos son la riqueza de la memoria. Una crisis no puede superarse, no podemos salir de la crisis sin los jóvenes, los chicos, los hijos y abuelos. Fuerza para el futuro, y memoria del pasado que nos muestra dónde se debe ir. No se olviden de esto, por favor. Los hijos y los abuelos son la riqueza y la promesa de un pueblo.

En Turín y en su territorio todavía hay un importante potencial de inversión para la creación de empleo: la ayuda es necesaria, pero no es suficiente. Se necesita promoción, para regenerar la confianza en el futuro.

Estas son algunas de las principales cosas que quería decirles. Añado una palabra que no quisiera que fuese retórica, por favor: ¡ánimo! No significa paciencia, resígnense. No, no, no significa esto. Sino al contrario, significa: osen, sean valientes, ¡vayan  adelante! ¡Sean creativos! ¡Sean artesanos todos los días, artesanos del futuro! Con la fuerza de aquella esperanza que nos da el Señor que jamás defrauda, pero que también necesita de nuestro trabajo. Por esto rezo y los acompaño con todo mi corazón. El Señor los bendiga a todos y que la Virgen los proteja. Y, por favor, les pido que recen por mí. ¡Gracias!