Queridos hermanos y hermanas, buenos días:

Con gran alegría he querido visitarlos esta mañana. No podía estar en Paraguay sin estar con ustedes, sin estar en su tierra.

Nos encontramos aquí en esta Parroquia llamada Sagrada Familia y les confieso que desde que comencé a pensar en esta visita, desde que comencé a caminar desde  Roma hacia acá, venía pensando en la Sagrada Familia. Y cuando pensaba en ustedes me recordaba a la Sagrada Familia. Ver sus rostros, sus hijos, sus abuelos. Escuchar sus historias y todo lo que han realizado para estar aquí, todo lo que pelean para una vida digna, un techo. Todo lo que hacen para superar la inclemencia del tiempo, las inundaciones de estas últimas semanas, me trae al recuerdo, todo esto, a la pequeña familia de Belén. Una lucha que no les ha robado la sonrisa, la alegría, la esperanza. Una pelea que no les ha sacado la solidaridad, por el contrario, la ha estimulado, la ha hecho crecer.

Me quiero detener con José y María en Belén. Ellos tuvieron que dejar su lugar, los suyos, sus amigos. Tuvieron que dejar lo propio e ir a otra tierra. Una tierra en la que no conocían a nadie, no tenían casa, no tenían familia. En ese momento, esa joven pareja tuvo a Jesús. En ese contexto, en una cueva preparada, esa joven pareja nos regaló a Jesús. Estaban solos, en tierra extraña, ellos tres. De repente, comenzaron a aparecer, gente, pastores. Personas igual que ellos que tuvieron que dejar lo propio en función de conseguir mejores oportunidades familiares. Vivían en función de las inclemencias del tiempo y de «otro tipo».

Cuando se enteraron del nacimiento de Jesús, se acercaron, se hicieron prójimos, se hicieron vecinos. Se volvieron de pronto la familia de María y José. La familia de Jesús.

Eso es lo que sucede cuando aparece Jesús en nuestra vida. Eso es lo que despierta la fe. La fe nos hace prójimos, nos hace próximos a la vida de los demás. La fe despierta nuestro compromiso, nuestra solidaridad. Una virtud humana y cristiana que ustedes tienen, que muchos muchos, tienen y que tenemos que aprender.  El nacimiento de Jesús, despierta nuestra vida. Una fe que no se hace solidaridad, es una fe muerta o una fe mentirosa. Yo soy muy católica, muy católico, voy a misa todos los domingo. Pero dígame, señor, señora, ¿qué pasa en los Bañados? No, no. No sé. Sé que hay gente ahí pero no sé. Por más misa de los domingo, si no tienes el corazón solidario, si no sabes lo que pasa en tu pueblo, tu fe es muy débil, o está enferma o está muerta. Es una fe sin Cristo,la fe sin solidaridad, una fe sin Dios, una fe sin hermanos. Entonces, viene ese dicho que espero recordarlo bien, pero que pinta este problema de una fe sin solidaridad, “Un Dios sin pueblo, un pueblo sin hermanos, un pueblo sin Jesús”. Esa es la fe sin solidaridad y Dios se metió en medio del pueblo, que Él eligió, para acompañarlo y le mandó su Hijo a ese pueblo para salvarlo, para ayudarlo. Dios se hizo solidario con ese pueblo y Jesús no tuvo ningún problema de bajar, humillarse, abajarse hasta morir por cada uno de nosotros, por esa solidaridad hermana, por esa solidaridad que nace del amor que tenía su Padre y del amor que tenía Él por cada uno de nosotros. Acuérdense cuando una fe no es solidaria, o está enferma o está muerta. 

El primero en ser solidario fue el Señor, que eligió vivir entre nosotros, que eligió vivir en medio nuestro. Yo vengo aquí como esos pastores que fueron a Belén. Me quiero hacer prójimo. Quiero bendecir su fe, quiero bendecir sus manos, quiero bendecir su comunidad. Vine a dar gracias con ustedes, porque la fe se ha hecho esperanza y es esperanza que estimula el amor. La fe que despierta Jesús es una fe con capacidad de soñar futuro y de luchar por eso en el presente. Precisamente por eso los quiero estimular a seguir siendo misioneros, a seguir contagiando esa fe por estas calles, por estos pasillos. Esta fe que nos hace solidarios entre nosotros, con nuestro hermano mayor Jesús, y nuestra madre la Virgen. Haciéndose próximos especialmente de los más jóvenes y de los ancianos. Soporte de las jóvenes familias, y de todos aquellos que estén pasando por momentos de dificultad.

Quizá el mensaje más fuerte que ustedes puedan dar hacia fuera, es esa fe solidaria. El diablo quiere que se peleen entre ustedes, porque así dividen y les derrota y les roba la fe. Solidaridad de hermanos para defender la fe, solidaridad de hermanos para defender la fe. Y además que esa fe solidaria sea mensaje para toda la ciudad.

Quiero rezar por sus familias y rezar a la Sagrada Familia, para que su modelo, su testimonio siga siendo luz en el camino, estímulo en los momentos difíciles y que nos dé la gracia de un regalo, lo pedimos juntos, todos, que la Sagrada Familia nos regale ‘pastores’, nos regale curas, obispos, capaces de acompañar, de sostener y estimular la vida de sus familias. Capaces de hacer crecer esa fe solidaria...

Los invito a rezarles juntos y les pido que no se olviden de rezar por mí. Recemos juntos una oración a nuestro padre, que nos hace hermanos, nos mandó a nuestro hermano, su Hijo Jesús y nos dio una Madre que nos acompañara.