Jueves, 20 de agosto de 2015
Mensaje de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, con motivo del Día del Catequista (19 de agosto de 2015)
Día del Catequista

El 21 de Agosto, memoria de san Pío X, celebramos el Día del Catequista. A veces pienso: ¡qué sería de la vida pastoral en la Iglesia sin la presencia generosa de tantos catequistas! Esta certeza me lleva a valorar y agradecer la vocación y la entrega de cada Catequista. Hablo de vocación para darle el sentido profundo que tiene el ser catequista. No es una profesión, aunque deba prepararse y actualizarse, ella es un llamado y una respuesta. Esto nos ubica en un plano teológico, espiritual y eclesial. Solo desde una fe vivida en la comunión de la Iglesia es posible comprender la catequesis como lo que es, una expresión de amor y de verdad. Es Dios quién acompaña en la Iglesia y a través de ellos, a sus hijos. Sacarla de este ámbito que tiene su origen en Dios, su manifestación en Jesucristo y su fuerza en el Espíritu Santo, es desconocer su fuente, su camino y su finalidad. El catequista es testigo y maestro en el crecimiento de la fe.

El catequista tiene mucho de docente, pero es ante todo un testigo calificado en el plan de Dios, que asume una tarea de modo personal a la que lo convoca la Iglesia, para ser un colaborador en su misión de enseñar lo que Jesucristo les confió a los apóstoles. Mantener viva, alentar y cuidar esta vocación pertenece a toda la Iglesia. Pienso, por ello, que habría que elaborar una suerte de “pastoral vocacional” que presente la importancia y la espiritualidad de este camino eclesial, que permita conocer la riqueza, la espiritualidad y la alegría de ser catequista. La vocación necesita ver y escuchar un llamado. No se trata solo de cubrir un lugar, sino de despertar una vocación que sea fuente de vida y de sentido para quien se siente llamado. En este despertar vocacional tiene mucho valor lo testimonial, es cierto, pero es necesario, el llamado, la palabra que invita y presenta a la catequesis como un camino de compromiso eclesial de la fe. Compartir la fe y hacer crecer en ella es un acto de amor y de madurez espiritual.

Cuando veo la cantidad de chicos que se acercan a nuestras parroquias y capillas para la catequesis, he pensado si estamos preparados para recibirlos y acompañarlos a ellos, y a sus familias. Esto me llevó a pensar en la necesidad de una “pastoral vocacional para catequistas”, sobre todo en el contexto de la catequesis familiar. No es el momento y el lugar de avanzar en este tema, pero creo que lo debemos tener en cuenta con todo lo que ello implica de propuesta, acompañamiento y formación. Queridos catequistas, quiero hacerles llegar en este día mi palabra de afecto y gratitud y, al mismo tiempo, decirles que vivan su misión con la alegría de saberse amados por el Señor y cumpliendo una de las tareas más noble, importante y urgente en la vida de la Iglesia. Cuando veo un Catequista, veo en él a un cristiano comprometido con su fe al servicio de sus hermanos.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

Publicado por verdenaranja @ 22:20  | Hablan los obispos
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