Mi?rcoles, 26 de agosto de 2015
Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor" (22 de agosto de 2015)
Todo se faranduliza y así nos va

Mis amigos: ustedes notaron con qué frecuencia se habla actualmente de la farándula. El otro día pensaba “esto de la farándula” qué querrá decir, porque por farándula entendemos los chimentos del ambiente artístico y las frivolidades correspondientes.

Por eso se me ocurrió buscar en el Diccionario de la Real Academia Española; fíjense ustedes lo que dice este mataburros fundamental. En su primera acepción dice: “profesión de los farsantes o comediantes y, en general, el ambiente relacionado con ellos” . Por farsante ahora solemos entender “embustero”, “macaneador”, pero en el sentido clásico era una especie de comediante, por eso la agrega como si fueran sinónimos. La segunda acepción dice: “Una de las compañías que antiguamente formaban los cómicos y que andaban representando por los pueblos”. Y la tercera acepción es el sentido figurado de la palabra farándula, que señala: “charla engañosa”. Es el montaje del engaño.

Pues bien, hoy el mundo está farandulizado. La política está farandulizada y parece que para tener más votos hay que ir a farandulizarse en un programa de alto rating o hacer conocer detalles de la vida íntima y todo el mundo se ceba en eso y entonces el personaje y el nombre son bien conocidos. Esto ocurre en otros ámbitos, no sólo en lo político. Hay una tendencia a farandulizarlo todo, a convertirlo todo en apariencia, en “charla engañosa”, en embuste más o menos divertido.

Noten ustedes que también nos farandulizan a nosotros, a los curas y a las monjas. Saben seguramente que existe una telenovela con su versión teatral que se llama “Esperanza mía” . Es la farandulización del sacerdocio y de la vida religiosa, son los amoríos de un curita con una pseudo monjita. Y lo digo en diminutivo porque es todo una cosa infantiloide, una cosa de adolescentes, pero eso ha llevado a que ahora el disfraz más vendido para nenas, de 3 a 13 años, sea el disfraz de monjita.

Hay una tendencia a la farandulización universal. No queda nada más que sea serio. Ya nada es intocable. Esta es la triste suerte de la Argentina. ¿Ocurrirá en otros países del mundo? No sé, seguramente sí o habrá otros más “amargados” que nosotros. Nosotros somos muy divertidos y así nos va. No queda nada serio, todo es charla engañosa, y somos todos comediantes. De una tragicomedia.

¿Qué nos quiere decir esto? Quiere decir que tenemos que hacer lo que podamos para que esto no siga así. No es posible. No se puede farandulizar todo. Hay cosas que van en serio. Quizá exagerando un poco podríamos decir que en el nuevo Código Civil se faranduliza el matrimonio y la familia.

En efecto: ¿qué queda del matrimonio? Una especie de rejunte provisorio, del que ha desaparecido la profunda seriedad propia de un estado de vida que es el fundamento de la sociedad. Así tantas otras cosas en nuestra complicada actualidad. No, así no va. Lo contrario de farandulizar es la seria búsqueda de la verdad, es el reconocimiento de las cosas tal como deben ser según su propia naturaleza, en su auténtica realidad. No nos dejemos engañar por las apariencias, aunque tenga rating y parezcan la llave de la felicidad.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

Publicado por verdenaranja @ 19:15  | Hablan los obispos
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