Viernes, 04 de septiembre de 2015

Reflexión a las lecturas del domingo veintitrés del Tiempo Ordinario B ofrecida por el sacerdote don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 23º del T. Ordinario B

 

¡Ser sordo, ser mudo, ser ciego…, es algo terrible!

El Evangelio de hoy nos presenta la curación de un sordomudo: “un sordo que, además, apenas podía hablar”.

En la primera lectura el profeta anuncia los tiempos del Mesías diciendo: “Se despegarán los ojos del ciego, los oídos de los sordos se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará”. Y algo de eso es lo que contemplamos en el Evangelio de hoy. San Marcos se detiene a contarnos cómo cura el Señor a aquel sordomudo.

Era lógico que la gente, que estaba entusiasmada ante los signos del Señor, dijera: “¡Todo lo ha hecho bien: Hace oír a los sordos y hablar a los mudos!”.

Pero hay muchas clases de sordera. Ésta no es sólo física. Así le decimos a un chiquillo que no nos hace caso: “¡Anda, sordo. Haz lo que te dije!”

¡También hay una sordera espiritual! ¿No será ésta la peor de todas las sorderas?

Somos sordos o nos hacemos el sordo muchas veces a la hora de relacionarnos con Dios. Y si somos “sordos” para escuchar a Dios, seremos también “mudos” para hablar de Él.  A veces, una madre lleva a su niño al médico porque, a su tiempo,  no ha comenzado a hablar... El médico examina al niño y le dice a la madre: “El niño no es mudo, sino sordo. Al no poder oír, no puede aprender a hablar. Veremos  qué se puede hacer”.

Si ahora, que comienza el curso, vamos por las parroquias, nos daremos cuenta de la cantidad de “sordos” que hay. Se expone a la comunidad la necesidad que existe de voluntarios para la catequesis  y para las demás actividades parroquiales. Y, por lo menos, en algunos lugares, qué pocos se comprometen. ¡Y qué fácil es encontrar excusas!

   Si todos los cristianos, lo fuéramos de verdad, nos comprometeríamos voluntariamente, como hacen muchos, y ya no estaríamos necesitados de más. El Señor no nos da el Espíritu con medida (Jn 3,34), sino sobreabundantemente, y no permite que su Iglesia carezca de ningún don, pero, si no compartimos los dones recibidos…

Es por tanto, urgente hacernos “una audiometría” para ver qué tal están nuestros oídos en la vida espiritual, en nuestra relación con Dios y con los hermanos.

No podemos olvidar que el mismo Jesús que curó al sordomudo, nos puede curar también a nosotros.

Esta reflexión sobre la urgencia y la necesidad del compromiso cristiano, especialmente, al comienzo de curso, no puede oscurecer la realidad de tantas personas, jóvenes y mayores, que trabajan en nuestras comunidades en la triple misión de la Iglesia: evangelización, culto y caridad.  

Así, la organización eclesial de Cáritas se ha convertido en un referente en este tiempo de crisis.        

¡Demos gracias a Dios que a todos nos llama para trabajar en su viña!

 

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 16:57  | Espiritualidad
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