Viernes, 18 de septiembre de 2015

Reflexión al  las lecturas del domingo veinticinco del Tiempo Ordinario B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

 Domingo 25º del T. Ordinario B

 

Lógico que los apóstoles se quedaran callados, "azorrados", cuando Jesús les pregunta de qué discutían por el camino. Mientras Él les hablaba de sufrimientos, de muerte  y de cruz, ellos discutían acerca de su tema favorito: quién era el más importante en el nuevo Reino que venía a instaurar. Pero Cristo no destruye aquel afán, aquel deseo de ser grandes, de ser el primero; señala el verdadero camino para conseguirlo: "El que quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos".  

¡Y esta enseñanza del Evangelio es siempre actual!

También hoy estamos envueltos por la mentalidad de ser gente importante en la vida social, económica, política… Y también, con frecuencia, este espíritu anida en la vida de la Iglesia. Muchas veces, incluso, en la vida familiar: “Que me sirvan” podría ser el slogan de muchos en su casa.

¡Parece que se ha instalado por todas partes la ley del más fuerte!

Y Jesucristo coge un niño, signo de lo pobre y débil, lo coloca entre los discípulos y lo abraza, para enseñarnos el verdadero camino para ser grandes e importantes.

Pero también es verdad que, a cada paso, encontramos a muchos hombres y mujeres que han hecho de su vida un servicio por amor a Dios y a los hermanos.

Y, de algún modo, este espíritu ha estado siempre en el corazón de la Iglesia.

Recuerdo que, cuando era pequeño nos enseñaban que, cuando nos preguntaran por nuestro nombre, teníamos que añadir:  “Para servirle a Dios y a Vd”. Y también que, cuando en una conversación nos referíamos a nosotros mismos, no debíamos decir “yo” sino “un servidor”. Es la influencia de la cultura cristiana en nuestros ambientes.

¡Y esto está al alcance de todos!

Si nos dijeran que para ser grandes e importantes, “para ser el primero”, tuviéramos que ser sabios o ricos o  famosos, no todos podríamos aspirar a ese ideal. Pero si lo que se nos pide es servir, ¡ah! eso, quien más, quien menos, ya lo sabe; y, además, estamos  en un mundo lleno de necesidades de todo tipo, y es fácil “experimentarlo”.

¡Se trata de proponérselo, con la ayuda de Dios! 

¡Jesucristo es siempre el Maestro! ¡Él es el prototipo de ese estilo de vida! En el Evangelio de S. Mateo (20, 28) nos dice: “Igual que el Hijo del Hombre no ha venido para ser servido sino para servir y dar la vida en rescate por muchos”.

¡Perfecto! ¡Servir y dar la vida! ¡Servir hasta dar la vida!

La segunda lectura nos presenta el peligro que supone para la vida de la comunidad cristiana el otro espíritu: “Donde hay envidias y peleas, hay desorden y toda clase de males…”

         La primera lectura es una profecía de la Pasión del Señor: algunas expresiones las escuchamos, casi a la letra, junto a la Cruz de Cristo.

         Ahora que comienza el curso, qué importante sería que nos propusiéramos esta tarea: “ser el último de todos y el servidor de todos”. Llegaríamos entonces hasta sentir vergüenza de pretender para nosotros un camino distinto del que siguió y nos mandó seguir Jesucristo, nuestro Salvador.                      

 

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 17:31  | Espiritualidad
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