Lunes, 02 de noviembre de 2015

Reflexión a las lecturas de la conmemoración de los fieles difuntos ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Conmemoración de los fieles difuntos

 

Estos días recordamos a los difuntos: ayer nos uníamos, con una inmensa alegría, a los que están en el Cielo. Hoy recordamos y oramos por los que están en el Purgatorio. Y mañana no es el día del Infierno, porque el Infierno no tiene día. “Perded toda esperanza los que entráis por esa puerta”, puso Dante en la puerta del Infierno.

Las celebraciones de estos días nos enseñan, por tanto, que el  destino de los difuntos es diverso: unos, en el Cielo, otros, en el Infierno, otros, en el Purgatorio.

En la segunda lectura, escuchábamos: “Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir premio o castigo, por lo que hayamos hecho mientras teníamos este cuerpo”. (2Co 5,1. 6-10)

Nos dice el antiguo Catecismo que el Purgatorio es “el lugar de sufrimiento donde se purifican antes de entrar en el Cielo, los que mueren en gracia de Dios, sin haber satisfecho por sus pecados”. Son formas humanas de hablar.  El Purgatorio no es, por tanto, una “puerta falsa” para entrar en el Cielo. Los que van al Purgatorio, han vivido y han muerto en comunión con Dios, pero no han satisfecho del todo, por sus pecados.

Desde siempre, sabemos los cristianos que podemos y debemos ayudar a esos hermanos difuntos con nuestros sufragios: la oración, la Santa Misa, las obras de penitencia, los sacrificios y dolores aceptados y ofrecidos al Señor, las indulgencias… En el pasado en nuestros pueblos, hubo una preocupación muy importante por los difuntos: las “ánimas del Purgatorio”. En nuestras Iglesias y archivos parroquiales se conservan pinturas y documentos que lo acreditan. Pensemos, por ejemplo, en los cuadros de ánimas, en torno a los cuales tenían lugar distintas oraciones y celebraciones por los difuntos; pensemos en los libros de las cofradías de ánimas de nuestras parroquias: cristianos que dedicaban algún tiempo y algunos medios, a meditar sobre los Novísimos y a recordar, orar y pedir oraciones por los que han muerto.

La 1ª lectura que hemos escuchado (Mac 12,43-46), valora y ensalza la obra de Judas, príncipe de Israel, diciendo que orar por los difuntos es una “idea piadosa y santa”; que es una expresión de fe en la resurrección: “si no hubiera esperado la resurrección de los caídos, habría sido inútil y ridículo rezar por los muertos”.

Por tanto, este día de difuntos es para los cristianos, una jornada de solidaridad, no material, sino espiritual. Tratamos de ayudar a nuestros hermanos difuntos que estén en el Purgatorio. Es un deber de caridad y gratitud rezar por ellos. De esta forma, secundamos el deseo, el anhelo del Señor, que quiere la salvación para todos los hombres, como hemos escuchado en el Evangelio (Jn 17,24-26): “Este es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria…”

Este es un día apropiado para recordar una vez más, que debemos preocuparnos de la salvación de los hermanos, no sólo después de la muerte, sino, sobre todo, mientras viven y, de un modo especial, cuando se acerca la hora de la muerte. Y si nos preocupamos de pedir la salvación para los demás, hemos de darnos cuenta que tenemos que trabajar “con temor y temblor por nuestra propia salvación”. (Fil. 2,12).

Demos gracias al Señor en este día por el don de la fe, y pidámosle que derrame la abundancia de su misericordia sobre nuestros hermanos que han muerto, especialmente, sobre nuestros familiares, amigos y bienhechores, y que también ellos nos ayuden a nosotros, que peregrinamos por esta vida y que tanto necesitamos del  auxilio de Dios.

 

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 21:20  | Espiritualidad
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