Martes, 17 de noviembre de 2015

Comentario a la liturgia dominical por el P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor y director espiritual en el seminario diocesano Maria Mater Ecclesiae de são Paulo (Brasil). Río de Janeiro, 17 de noviembre de 2015 (ZENIT.org)

Domingo 34, solemnidad de Cristo Rey. Ciclo B

Textos: Dn 7, 13-14; Ap 1, 5-8; Jn 18, 33-37

Idea principal: La realeza y la verdad de Cristo frente a los demás reinados mundanos.

Síntesis del mensaje: Estamos terminando el año litúrgico. El domingo que viene, con el Adviento, iniciaremos de nuevo ese proceso celebrativo que nos hace participar un año más de la gracia de la salvación aquí y ahora para cada uno de nosotros, si estamos preparados. La fiesta de Cristo Rey del Universo antes se celebraba el último domingo de octubre, desde el año 1925 en que la instituyó el Papa Pío XI. Pero en la reforma de Pablo VI, el 1969, se trasladó al último domingo del año cristiano, el domingo 34 del Tiempo Común. Cristo Rey de Universo se enfrenta hoy a las tres grandes políticas de la historia universal: la política imperial de Roma, representada en Pilato; la política teocrática de Israel, representada por los sacerdotes y letrados; y la política soteriológica de Dios, representada en Cristo. ¿Quién ganará? 

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, Jesús y Poncio Pilato, cara a cara. Pilato, prefecto de Judea del año 26 al 36, era un funcionario del Imperio; por tanto, un hombre del “ius romanum” -la ley es la ley-, antimonárquico de nacimiento e imperialista de profesión, que odiaba a los judíos como Roma, como muchos, como nadie. Pilato y Jesús, la república y la monarquía, frente a frente: “¿Tú eres el rey de los judíos?”. ¿Rey como Numa Pompilio, sucesor de Rómulo, o como el David y Salomón de los libros sagrados? Cristo no le esconde la verdad: “Lo soy…pero no como los reyes de aquí abajo”. Pilato quedó desconcertado: Entonces, rey ¿de dónde, de quién? ¿Rey político, quimérico, democrático, militar…? Jesús ante Pilato y ante los jefes políticos, es respetuoso con ellos. Les hace ver cuál es la verdad de su misión, recibida de Arriba. Les pone en su lugar: al César lo que es del César. Intenta abrirles a la verdad de su mensaje. Incluso los excusa, como hizo a Pilato. Pilato no quiso aceptar la verdad, que era el mismo Cristo que tenía delante. Prefirió “su propia verdad”, con componenda y todo, lavándose las manos. Ya sabemos: por política, la razón de la fuerza vence a la fuerza de la razón, la fuerza bruta embrutece entonces a la gente y la gente entonces apuesta por delincuente contra inocente: “¡A éste no; a Barrabás!”. Jesús, rey de los hombres y del universo, porque los creó y son suyos, es la más preclara víctima política de la historia universal.

En segundo lugar, Jesús y los sacerdotes y letrados, cara a cara. Estos querían deshacerse de Cristo. Extraigo algunos párrafos de mi libro sobre Jesucristo: “Algunos de ellos lo consideraron un enemigo y un peligro, porque se arrogaba la autoridad de llevar a plenitud la ley, porque rechazaba ciertas interpretaciones que de ella hacían, porque desenmascaraba el legalismo y la hipocresía en sus relaciones con Dios y con los hombres. Jesús los desnudó y les puso de manifiesto un pecado fundamental: la falta de verdad en sus vidas, de desamor a la verdad, e incluso de odio a la verdad. Ellos no soportaban que Jesús dijera: “Yo soy la Verdad”. Su rechazo de Jesucristo no fue por razones de honestidad. Lo rechazaron por ser precisamente Él, con su modo de vida singular, con su doctrina específica y nueva, con sus enseñanzas particulares nunca oídas antes. Por eso Jesús les dijo: “Yo he venido en nombre de mi Padre y vosotros no me recibís”. La confianza de Cristo en su Padre era como una llamada de atención a su presunción. La verdad de Cristo dolía a su doblez. El desprendimiento de Cristo chocaba contra la avaricia farisea. La humildad de Jesús era una lección difícil a su soberbia y orgullo. Muchas cosas de Cristo les molestaba a los fariseos: su seguridad, su virilidad, su amor a los pobres y pecadores, su autoridad, su arrastre, su sencillez, su porte distinguido, su sonrisa serena, el brillo de sus ojos...Muchas cosas eran para los fariseos motivo de fastidio”. Estos sacerdotes y letrados tampoco aceptan la verdad que era y es Jesús. Prefirieron quedarse “con su verdad”, cosida con remiendos de ley y el hilo de su soberbia y vanidad.

Finalmente, Cristo es y debe ser el Rey de mi vida y de mi familia y quiere salvarnos; su “política” es la salvación. ¿Cómo es este Rey? De mi libro sobre Jesucristo, les comparto este párrafo: “No un rey temporal, político, social que subyuga, esclaviza a sus súbditos. Más bien, es un Rey pobre materialmente, pero rico espiritualmente; es un Rey entregado a la Causa encomendada por el Padre; es un Rey humilde, pero consciente de su Realeza. Es un Rey que sirve, sale de palacio para caminar por nuestros caminos polvorientos y ver las necesidades de cada uno de sus súbditos y así poner soluciones. Nuestro Rey sufre nuestras miserias y dolores y los comparte. Es un Rey especial, porque tiene como trono, la cruz; como cetro, la verdad; como ley, el amor y el perdón; como vestidura, la humildad y la pureza; como corona, una de espinas labrada con todos los pecados nuestros. Su Reinado son las naciones, las familias, cada corazón, donde Él quiere reinar, si le dejamos. No quiere que nadie quede fuera de su Imperio de amor y de paz. Este Rey pide súbditos fieles y felices de enarbolar su bandera, de servirle, de transmitir su ley y su mensaje. Estos súbditos fieles no cambian este Rey Jesús ni por el rey de copas, que sería el rey-placer, ni por el rey de oros, el rey-dinero, ni por el rey de bastos o de espada, el rey-violencia. Dicen “Viva Cristo Rey” con los labios y con la vida. No quiere ni súbditos infieles ni cobardes o mediocres, que viven éstos últimos en el ejército de Cristo, pero no luchan, no trabajan, no se esfuerzan, por seguir la ley del mínimo esfuerzo, de la queja continua, del sabotaje y de la mentira”.  

Para reflexionar: ¿Cristo es rey de mi corazón, de mi mente, de mi voluntad? ¿A cuántos reyes sirvo: al dinero, al poder, al placer? 

Para rezar: Recemos con san Ignacio de Loyola: “Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste, a ti, Señor, lo torno. Todo es tuyo. Dispón de todo según tu voluntad. Dame tu amor y tu gracia, que ésta me basta. Amén”.

 

Cualquier sugerencia o duda pueden comunicarse con el padre Antonio a este email: [email protected]


Publicado por verdenaranja @ 18:28  | Espiritualidad
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