Viernes, 18 de diciembre de 2015

Reflexión a las lecturas del cuarto domingo de Adviento C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 4º de Adviento C 

      

    ¡Estamos a las puertas de la Navidad!

           Por el camino del Adviento hemos sido acompañados por algunos personajes de la Historia Santa, que nos han ayudado en nuestra preparación, y que se convierten en “los iconos” de este Tiempo: los profetas, particularmente, Isaías, el profeta de la esperanza, Juan el Bautista,  y  la Virgen María, especial-mente, en su Concepción Inmaculada.

El cuarto domingo centramos nuestra atención, cada año, en la Materni-dad divina de María.

Qué bien celebraríamos la Navidad de la mano de la Virgen, tratando de hacer nuestros sus pensamientos y sentimientos inefables,  y su modo peculiar de vivir los distintos acontecimientos que recordamos y celebramos.

El Evangelio de hoy nos presenta la escena magnífica de la  Visitación de María a su prima Isabel: “Por aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías, y saludó a Isabel”.

¡Qué provechoso sería contemplar a la Virgen de camino, llevando a Cristo en su seno! “¡Ah, qué procesión del Corpus la que se inició aquel día!”

En ella llegan a su cumplimiento las promesas de la Historia de la Salvación. Ella centra y encierra  los anhelos, las ilusiones y las esperanzas de todos los hombres, sedientos de salvación… De todos los pueblos, de todos los tiempos. Ella es, en efecto, “la Madre del Enmanuel”. Por medio de ella Dios mismo ha acampado entre nosotros. Ella es “la Madre de Jesús”, que significa “Yahvé salva”, porque el Señor viene como Salvador.

En la Montaña su prima Isabel, llena del Espíritu Santo, proclama la grandeza de la Virgen Madre convertida en “La Mujer”, la nueva Eva, que nos trae al Salvador diciéndole: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”

Y ella es también “la Madre del Mesías”. Por eso añade Isabel: “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?”

Esta representa a todo aquel que celebra la Navidad con alegría desbordante, porque está experimentando la salvación que ha llegado: “En cuanto tu saludo llegó a mis oídos la criatura saltó de alegría en mi vientre.” Y representa también a todos los que, en estas fechas, se esfuerzan por llevar a los hermanos la Buena Noticia de la Navidad.

Isabel nos presenta a María como el prototipo de aquel que ha recibido el don de la fe y experimenta, en la Navidad, la dicha de creer: “¡Dichosa tú que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”.

Mis queridos amigos: ¡Llega el Señor! ¡Él es el Rey de la gloria! Dichosos los que están preparados para salir a su encuentro.      

 

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR! ¡FELIZ NAVIDAD!


Publicado por verdenaranja @ 21:01  | Espiritualidad
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