Viernes, 01 de enero de 2016
Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor" (26 de diciembre de 2015)

“El comienzo de un año nuevo”
 
Hola amigos. Hemos celebrado la Navidad y ya nos vamos acercando al fin del año y al Año Nuevo. Todo el mundo se prepara porque a las 12 del 31 de diciembre hay que levantar la copa y hay que brindar. Está bien celebrar porque es el tránsito de un año a otro pero estas son medidas humanas pero no celebramos algo extraordinario como lo hacemos en Navidad. En todo caso podemos decir: “Gracias a Dios terminamos un año”. ¡Y qué año, Dios Santo! ¡Qué año, con qué apuros!.

Y siempre surge la esperanza de que el año siguiente sea mejor. Y está muy bien eso pero yo siempre insisto en que el tiempo es un continuo y por eso podemos pensar muchas cosas.

Podemos, desde el punto de vista cristiano, espiritual, hacer un balance acerca del año que transcurrió, un balance de conciencia sobre que hicimos. No cómo nos fue simplemente para ponernos más contentos o más tristes sino simplemente qué hicimos, cómo aprovechamos este año. Los años que pasan nos van gastando y se los puedo decir yo que ya los siento.

¡Los años que pasan nos van gastando! Y nos vamos acercando al día de nuestra muerte. Parece medio fúnebre que les hable de esto en esta ocasión pero esa es la realidad porque el paso del tiempo nos pasa por encima y eso al cristiano no tiene por qué entristecerlo sino al contrario porque vamos al encuentro del Señor y el Señor viene a nuestro encuentro.

Así es la vida humana y es bueno, no sólo, repasar como nos fue sino que hicimos en este 2015. Qué hicimos de bueno, qué cosas podemos mejorar, qué macanas cometimos también y hacernos propósitos para el año que se inicia y decir: “Bueno yo este año quiero ser un poco mejor, quiero hacer algo mejor por los demás”. Y pensar que si nos vamos acercando al Señor, si nos vamos acercando al Cielo, eso tiene que ser un motivo de verdadera alegría.

No hay mucha gente que piense en esto porque se da, particularmente en estas fiestas de fin de año, un verdadero aturdimiento que es peor que en Navidad todavía. Es cierto que, en realidad, el aturdimiento se da todos los fines de semana y yo, aquí en La Plata, lo veo todos los fines de semana. Que es un aturdimiento alcohólico, de drogas o de lo que fuere como un aturdimiento de ruido. Y casi entre paréntesis hago un agregado porque las fiestas o los fines de semana duran hasta las diez de la mañana del día siguiente. Que eso pase entre el pase de año viejo y el año nuevo hasta se puede tolerar pero ese disparate semanal es llamativo.

La cuestión que nos plantea la caída de una hoja del calendario es ¿para qué estamos en el mundo? ¿Para qué estamos aquí? ¿Cuál es el destino del hombre? ¿Cuál es el sentido de nuestra vida? Y es bueno que cuando termina un año pensemos en todo eso y, sobre todo, que intentemos nosotros, los más viejos, intentemos que los jóvenes piensen un poco estas cosas. Claro como ellos tienen toda la vida por delante gastan el tiempo y, muchas veces, lo gastan torpemente.

No estoy diciendo que los jóvenes tienen que comportarse como los viejos. No es eso y no se trata de eso pero sí que ellos tienen que hacerse cargo del sentido de su propia vida y que no tienen que desperdiciar esos años extraordinarios de la juventud.

Estas son las cosas que se me han ocurrido compartir con ustedes en esta ocasión y también les voy a decir, como nos decimos habitualmente, feliz año nuevo y espero que nos sigamos viendo en Claves en el 2016.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de Buenos Aires

Publicado por verdenaranja @ 19:22  | Hablan los obispos
 | Enviar