Viernes, 15 de enero de 2016

Reflexión a las lecturas del segundo domingo del Tiemmpo Ordinario C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

 Domingo 2º del T. Ordinario C 

 

Podríamos decir que, el de  hoy, es el Evangelio de la Virgen y de las bodas.

La intención mariana del texto es evidente. En un primer momento, María, la Virgen, ocupa el centro de la escena: “En aquel tiempo había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda”.

Es probable que los novios fueran familiares, o muy allegados a María. Da la impresión de que estaba al tanto de todo lo que sucedía y, por eso, se dio cuenta de que les faltaba vino. Y ¿cómo se podía resolver aquella dificultad tan importante? ¿Dónde conseguir ahora vino?

María tiene conocimiento del “misterio de Jesús”: de su poder y de su bondad. Sólo ella conoce “el secreto”. Y lo pone todo en sus manos: “No les queda vino…” “Haced lo que Él os diga…”.

El relato concluye con una síntesis del evangelista que dice: “Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en Él”. “Después bajó a Cafarnaún  con su madre y sus hermanos y sus discípulos”.

Es, por tanto, una gran manifestación de Jesucristo la que se produce en estas bodas. Por eso forma parte de la Solemnidad de la Epifanía del Señor, como comentábamos el otro día.

Además, es éste un texto importante a la hora de reflexionar sobre la Virgen, especialmente, sobre su función intercesora, e, incluso, puede servirnos de ocasión para revisar nuestra relación con María, cuando está comenzando un nuevo año.

Y decíamos también que es el Evangelio de las bodas, por la frecuencia con que se usa este texto en dichas celebraciones, y por todo el misterio que encierra.

La Liturgia del Matrimonio dice que Jesús “santificó con su presencia las bodas de Caná”. Y cuando hablamos con los novios, solemos recurrir a este texto, a la hora de tratar de la presencia del Señor en el matrimonio cristiano. Hablamos, incluso, de la necesidad y de la importancia de “invitar a Jesucristo” a la boda y de tomar conciencia de que la presencia y la acción de Cristo en el matrimonio cristiano, viene garantizada por un sacramento.

Por tanto, en medio de una boda, ocasión de alegría, ilusiones y esperanzas,  realiza Jesús su primer milagro. Él es el novio (Mt 9,15); el que viene a desposarse con la humanidad y así, a elevar al hombre a una relación esponsal con Dios.

La abundancia de vino prefigura los dones mesiánicos, que trae al mundo.

De dones para la edificación de la comunidad, trata hoy la segunda lectura.

La primera anuncia los tiempos del Mesías con  la imagen de unas bodas de Dios con su pueblo…

Leí una vez que la Navidad es una “fiesta de nupcias con Dios”. Y es verdad.

Ojalá que este acontecimiento, que nos presenta el Evangelio de hoy, haga que también nosotros, como los discípulos, contemplemos la gloria de Cristo y crezca nuestra fe en Él, ahora que comienza el Tiempo Ordinario.                

           

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 22:44  | Espiritualidad
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