Viernes, 29 de enero de 2016

Reflexión a las lecturas del domingo cuarto del Tiempo Ordinario C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR

Domingo 4º del T. Ordinario C 

 

Es impresionante el desenlace del Evangelio de hoy: allí, en Nazaret, en su pueblo, donde se había criado, quieren acabar con Jesús... “Pero Él se abrió paso entre ellos, y se alejaba”.

¿Qué había sucedido? Que se complicó la cosa en la sinagoga. Allí dejamos a Cristo el domingo pasado. Allí llegó con fama de sabiduría y de milagros. Y, cuando el sábado, comenta la lectura de la Ley y los Profetas, les dice claramente que Él es el Mesías, el que tenía que venir: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.

En un primer momento, “todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia, que salían de sus labios”. Pero después, comienzan a pensar y a decir: “¿No es éste el hijo de José?”

Así sintetiza S. Lucas las impresiones de la gente de Nazaret. San Mateo y San Marcos son más explícitos, y concluyen diciendo que “no pudo hacer allí muchos milagros a causa de su falta de fe” (Mt 13, 58. Mc 6,5-6).

Pero Jesús les dice que no se extraña de esta reacción porque “ningún profeta es bien mirado en su tierra”. Y les pone dos ejemplos de la historia, en la que se manifiesta su cerrazón de mente y de corazón: Elías, cuando fue enviado a auxiliar a una viuda pagana de Sarepta, en el territorio de Sidón, y Eliseo, que curó de lepra a  Naamán, el sirio.

Me interesa subrayar que en Nazaret se manifiesta, en toda su crudeza, lo que yo llamo EL DRAMA DE LA ENCARNACIÓN. Éste consiste en que Dios, para hablar al hombre, para relacionarse con él, para salvarle…, ha querido valerse de la fragilidad de lo humano: hombres y mujeres, que hablan y actúan en su nombre. Y lo que se ofrece como camino de vida y salvación, puede resultar ineficaz y contraproducente. ¡Podemos quedarnos en lo humano!

Así sucede en Cristo: su Humanidad revela su Divinidad, su infinita grandeza, pero también la oculta. Por eso, muchos pudieron rechazarle e, incluso, llevarle a la Cruz. ¡Es lo que sucede en Nazaret!

Pero, mis queridos amigos, eso ha sucedido y sucederá siempre también en la vida de la Iglesia, Cuerpo de Cristo, por su analogía con el Misterio de la Encarnación. El Vaticano II, en efecto, nos ha enseñado que “así como la naturaleza humana asumida, está al servicio del Verbo divino como órgano vivo de salvación, a Él indisolublemente unido, de la misma manera el organismo social de la Iglesia, está al servicio del Espíritu de Cristo, que le da vida para que el Cuerpo crezca”(L. G. 8).

Por tanto, nos encontramos siempre en la alternativa de los de Nazaret: o aceptamos el designio de Dios, que ha querido valerse de la fragilidad de lo humano como medio de salvación, o, como aquellos, nos quedamos sin nada. O, incluso, podemos llegar a encontrarnos entre los adversario de Cristo y de la Iglesia. Y no olvidemos que, entonces, “Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba”.

                       

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 13:53  | Espiritualidad
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