Viernes, 05 de febrero de 2016

Reflexión a las lecturas del domingo quinto del Tiempo Ordinario C ofrecida par el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 5º del T. Ordinario C 

 

                   Comenzar la Vida Pública del Señor es escuchar sus primeras palabras,  contemplar sus primeros milagros, conocer sus primeros discípulos... Es la novedad de Jesús, que se hace Buena Noticia para nosotros.

                  El Evangelio de este domingo nos narra cómo Jesucristo elige a los primeros discípulos; de pobres pescadores del Lago, los convierte en “pescadores de hombres”. Y es que Dios -lo contemplábamos el domingo pasado- para hablarnos, para darnos sus dones, para salvarnos…, ha querido tener necesidad de de la fragilidad de lo humano.

                  Las lecturas de la Palabra de Dios de hoy nos presentan la vocación del profeta Isaías, la vida apostólica de S. Pablo, y la llamada de los primeros discípulos.

                  Es importarte subrayar que la decisión de cada uno de los llamados, viene precedida de una experiencia fuerte de la grandeza de Dios, o de un encuentro trascendental con Jesucristo. Es la visión gloriosa de Isaías, el camino de Damasco de Pablo y la pesca abundante de los discípulos.

                  También nosotros, como ellos, también nosotros somos llamados a ser discípulos del Señor, para seguirle y para ser pescadores de hombres, según la vocación de cada uno. Pero no podemos engañarnos: no daremos un paso adelante mientras no tengamos una experiencia fuerte de Dios. Es lo que suele llamarse “el descubrimiento de Jesucristo”, del que decía San Juan Pablo II que era la aventura más importante de nuestra vida. Algunos lo llaman también “mi conversión”.

                  A veces, en la vida de la comunidad, constatamos que la gente no quiere comprometerse mucho, o que se comprometen muy pocos en las distintas tareas eclesiales. Y nos desanimamos y nos quejamos. Pero, normalmente, no tenemos razón, no respetamos el ritmo de crecimiento de las personas y de las comuni-dades. Hay que esperar a que se encuentren con Jesucristo y, entonces, se comprometerán con Él y por Él.

                  ¡Los demás caminos son estériles o poco fiables!

                  Por tanto, si queremos contar con unas verdaderas comunidades cristianas, llenas de vitalidad y compromiso, tenemos que hacer todos los esfuerzos para propiciar el encuentro con Cristo. Entonces, tal vez, contempla-rán, como Isaías, al Señor que se pregunta: “A quién enviaré? ¿Quién irá por mí?” Y,  con el aliento del Espíritu del Señor, dirán: “Aquí estoy mándame”. O, como Pablo, se pueden encontrar caídos en su propio camino de Damasco, preguntando a Jesucristo Resucitado: “¿Qué debo hacer, Señor?”. Y entonces escucharán: “Levántate, sigue hasta Damasco y allí te dirán lo que tienes que hacer”. O, tal vez, como Pedro, abrumados por el peso de sus pecados, podrán arrojarse a los pies de Jesucristo, diciendo: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. Y escucharán entonces la voz de Jesús que les dice: “No temas: desde ahora serás pescador de hombres”.    

                  Lo primero, por tanto, es el descubrimiento de Cristo, el encuentro con  Él.

 

                                                                 ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 13:34  | Espiritualidad
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