S?bado, 19 de marzo de 2016

Reflexión a las lecturas del domingo de RAmos C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo de Ramos C

 

¡La Liturgia del Domingo de Ramos es muy hermosa!

En la primera parte, recordamos y revivimos la Entrada del Señor en Jerusalén, que le recibe como Rey y Mesías. Nuestras aclamaciones y nuestros cantos se unen a los de aquella gente, que le acoge de una manera tan extraordinaria,  y a los cristianos, que, a lo largo de los siglos, han celebrado esta fiesta, hasta nosotros, que lo hacemos unidos a toda la Iglesia.

La segunda parte es la Misa de Pasión. De este modo, ¡la Cruz del Señor se convierte en el centro de la Semana! La misma procesión, llena de colorido y de fiesta, prefigura la gloria de la Resurrección, que celebraremos el próximo domingo.

¡El Domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa!

¡Cuántas gracias hemos de dar al Señor, que nos concede un año más, celebrar la Pascua, la fiesta más grande e importante de los cristianos!

Y hemos de acoger estos días santos con el mejor sentido de responsabilidad: “No podemos echar en saco roto la gracia de Dios” (2 Co 6, 1).

Nuestra atención tiene que centrarse en las celebraciones litúrgicas de nuestras iglesias. Las procesiones, tantas y tan importantes, expresan y alimentan también lo que conmemoramos.

Los sacramentos, que brotan de la Muerte y Resurrección del Señor, constituyen el núcleo de estos días:  el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía,  sacramentos de la Iniciación Cristiana, que vamos a renovar, con el mejor espíritu,  la Noche Santa de la Pascua.

Y la mejor manera de renovarlos, es recibir el de la Penitencia o de la Reconciliación, tan propio de estas fechas. El Papa S. León Magno decía que es propio de las fiestas pascuales, que toda la Iglesia goce del perdón de los pecados, tanto los que llegan nuevos a ella por la recepción del Bautismo, como los que han tenido la dicha de haber recibido, desde hace mucho tiempo, esa gracia incomparable.

La Eucaristía está siempre presente, como la forma principal e imprescindible de renovar los distintos acontecimientos que recordamos.

Y la Semana Santa la celebramos como cristianos, es decir, como personas que están experimentando y valorando constantemente en sus vidas, los frutos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

Hagámoslo también tratando de compartir con todos los hermanos el mensaje gozoso de la Semana Santa, de la Pascua del Señor. Como miembros de una Iglesia en salida misionera.

El Año de la Misericordia nos hará experimentar también, a cada paso, la grandeza del amor de Dios.

¡Que tengas la dicha de una buena Semana Santa!

 

                                                                           ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 10:32  | Espiritualidad
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