S?bado, 26 de marzo de 2016

Refelxión a las lecturas del domingo de Resurrección C ofrecidapor el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo de Resurrección C 

¡Por fin hemos llegado a la Pascua!

Hemos venido por el camino de la Cuaresma que es el mejor camino, el único camino que conduce hasta aquí. Gracias a Dios, un año más lo hemos encontrado y recorrido el camino.

Es lógico que estemos contentos: ¡Jesucristo ha resucitado, es decir, ha pasado de la muerte a vida, de la cruz a la resurrección!

Ya Jesús nos ha enseñado con toda claridad y firmeza que el sufrimiento y la muerte no son el fin, no terminan en sí mismos, sino que son camino, paso, pascua.                                  

¡Pues esta es la Pascua! Celebramos hoy la solemnidad de la Resurrección del Señor. ¡Y eso nos llena de una inmensa alegría!

¡Es la noticia! La gran noticia que, cada año, conmueve al mundo, desde el núcleo mismo de su existencia.

¡El sufrimiento y la muerte han sido vencidos! El momento culminante de esta victoria es la Vuelta gloriosa del Señor: “Primero Cristo como primicia, después, cuando Él venga, todos los que son de Cristo”, nos enseña San Pablo. (2Co 15, 23). ¡Pero aún así, todo ha cambiado de sentido!

Aunque no tenemos prisa por decirlo todo hoy. Tenemos la Octava de Pascua. Y luego todo el Tiempo Pascual. Son, en total,  50 días de celebración, de alegría, de fiesta. El problema, nos dicen los entendidos en estas cosas, es mantener el clima de alegría y de fiesta durante tanto tiempo.

¡El Tiempo Pascual se ha llamado “la cuaresma de la alegría!” Y no hay fiesta como ésta en el mundo: 40 días de preparación y 50 de celebración.

El Evangelio de este año C nos presenta a las mujeres olvidadas de  la resurrección, camino del Sepulcro. Ellas, como los discípulos, no entendían nada de resurrección. Y van al Sepulcro con los aromas para terminar de embalsamar el cuerpo del Señor. ¡Y había resucitado! Y se les presentan dos ángeles que les aclaran el misterio: “Acordaos de los que os dijo estando todavía en Galilea: el Hijo del Hombre tiene que ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar”.

¡Claro que se acordaron. Y temblaban de alegría…! Y se fueron corriendo a comunicarlo a los apóstoles “y a los demás”, que estaban con ellos.

Pero éstos lo tomaron por “cosa de mujeres”, “un delirio, y no las creyeron”. Pedro fue el único que salió corriendo al Sepulcro.

Ahora nos toca a nosotros anunciar este acontecimiento, aunque lo tomen también por un delirio y no nos crean. Lo nuestro es cumplir el encargo y salir a comunicarlo. ¿Es que no somos una Iglesia en salida misionera?

¡Y es que  son tantas y tan grandes las consecuencias de este acontecimiento!

    Ya tendremos ocasión, en todo el Tiempo Pascual, de irlas desgranando.

Digamos ahora, al menos, que Bautismo es el primer sacramento por el que participamos de esta grandeza. Lo recordábamos anoche en la Vigilia: muertos al pecado y vivos sólo para Dios, sólo para el bien.

¡Es la vida de los resucitados con Cristo! Pertenecen a una humanidad nueva: ¡la civilización del amor!

                                                        ¡Felices Pascuas! ¡Aleluya!


Publicado por verdenaranja @ 12:00  | Espiritualidad
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