Viernes, 22 de abril de 2016

Reflexión a las lecturas del domingo quinto de Pascua C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 5º de Pascua C

 

Cuando muere una persona querida, recordamos sus palabras, sus gestos,  y, sobre todo, sus encargos y recomendaciones  de despedida.

Las palabras del Señor del Evangelio de hoy tienen acento de despedida. Se trata de un fragmento de la Última Cena, en la que el Señor nos deja el Mandamiento del Amor como su última recomendación, su último encargo: “Os  doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado”.

El  Tiempo de Pascua  es muy apropiado para reflexionar sobre ello,  porque contemplamos a Cristo Resucitado, que se ha entregado hasta la muerte por nosotros; y comprendemos así mejor su contenido y su alcance. San Juan lo expresa con mucha claridad: “En esto hemos conocido el amor, en que Él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos” (1 Jn 3, 16). Para el apóstol, el amor a los hermanos es una consecuencia y una exigencia lógicas del amor que Jesucristo nos ha tenido. Por tanto, por mucho que amemos a los demás, siempre nos quedará mucho camino. S. Agustín nos dice que, cuando alguien nos invite a una comida, tenemos que mirar bien lo que nos ponen delante, porque después, tendremos nosotros que corresponder.  Esto lo refiere a la Eucaristía en la que se nos da el Cuerpo y la Sangre del Señor; y nos enseña que los mártires han sido aquellos que lo han hecho con mayor perfección:  han tomado de la Mesa la Sangre de Cristo y luego, han entregado la suya.

Pero tenemos que subrayar que el Señor nos ha dejado el  Mandamiento Nuevo como “la señal” de que somos discípulos suyos. Por tanto, señala el ser o no ser cristiano de cada uno. ¡Qué importante es esto! Nos servirá para distinguir dónde hay un cristiano y dónde no.  No se trata de fijarnos si hace esto o lo otro, si tiene muchas cualidades o pocas, si habla y se expresa bien o no. Resulta todo más sencillo: ¿se esfuerza por amar como Jesucristo? Es cristiano. ¿No lo hace? Que no se esfuerce por darnos razones de su identidad cristiana. Sencillamente, no es cristiano o ha dejado de serlo. Bien lo entendió San Pablo cuando escribió lo que llamamos el himno de la caridad del capítulo 13 de la primera Carta a los Corintios: ya podríamos hacer grandes cosas, si no tenemos amor, de nada nos sirve, de nada nos aprovecha….

En este Tiempo de Pascua, la primera lectura nos presenta la vida de las primeras comunidades cristianas, donde, a pesar de las deficiencias de todo lo humano, todos se amaban y  nadie pasaba necesidad. Y, como contemplamos en la lectura de hoy, eran comunidades misioneras, evangelizadoras. Y ya sabemos que el mayor gesto de amor que podemos hacer a otra persona es llevarla al conocimiento de Jesucristo, como hacían Pablo, Bernabé y todos aquellos primeros cristianos. Si lo hacemos así, nuestras comunidades se parecerán a la Iglesia del Cielo, de la que nos habla la segunda lectura, con dos imágenes atrayentes: una novia arreglada para su esposo, y un hogar familiar feliz, de donde ha desaparecido todo mal.    

                                                                 

                                                                                    ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 12:14  | Espiritualidad
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