Viernes, 27 de mayo de 2016

Visita PASTORAL del Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos S.E.R. Card. FERNANDO FILONI AL Vicariato Apostólico de PUERTO LEGUÍZAMO-SOLANO

 

HOMILÍA: Catedral de Nuestra Señora del Carmen

(Martes, 24 mayo 2016) 

Lecturas: 1 Pe. 1, 10-16; Mc. 10, 28-31 

“Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido” 

Queridos hermanos y hermanas, con mi más cordial saludo y en nombre también del Papa Francisco, quisiera, antes que nada, manifestarles mi alegría al encontrarme en esta Catedral de Nuestra Señora del Carmen. Aquí está el corazón de vuestra comunidad local, de la familia de Dios en Puerto Leguízamo-Solano. Al tratarse de un Vicariato Apostólico, esta circunscripción eclesiástica tiene por cabeza al Papa, que actúa a través de su Vicario, actualmente en la persona del obispo, Monseñor Joaquín Humberto Pinzón Güiza, I.M.C., al cual saludo fraternalmente y le agradezco la invitación a visitar esta comunidad cristiana que le ha sido confiada. 

Vosotros sabéis que el estado jurídico de un vicariato es un paso intermedio antes de convertirse en diócesis. Una diócesis, en efecto, representa el estado adulto de una Iglesia local, con suficiente número de sacerdotes, religiosos y religiosas, parroquias y sustento para las exigencias pastorales propias. Es algo así como el caso de un joven que está creciendo, pero que aún no es autosuficiente y, por eso, necesita ayuda en su maduración antes de tener su propia casa. 

Como ven, me acompaña el Nuncio Apostólico, su Excelencia Monseñor Ettore Balestrero, al que agradezco la organización de esta visita pastoral. Extiendo mi saludo a las autoridades civiles y militares, a las cuales se les ha confiado el crecimiento civil, la seguridad y el bien común de esta población. Doy las gracias a los sacerdotes, religiosos, religiosas y catequistas por su presencia. A ellos deseo manifestarles mi más sincero aprecio por la labor pastoral que desarrollan entre ustedes. A todos transmito la bendición del Santo Padre. 

Mi visita pastoral a Colombia tiene tres objetivos: El primero es celebrar y predicar en el 12° (decimosegundo) Congreso Misionero de Colombia, animando la obra misionera de la Iglesia en el país, tanto a nivel interno como hacia el exterior, a aquellos lugares donde la Palabra de Dios aún no ha sido anunciada o recibida. El segundo es consagrar a dos nuevos Vicarios Apostólicos, los de Puerto Gaitán y de San Andrés y Providencia, recientemente nombrados por el Papa Francisco. El tercero es visitarles, encontrarme con ustedes, rezar juntos, escucharles y hablar con ustedes. Finalmente, estando en el Año Jubilar de la Misericordia, un don del Papa Francisco a la Iglesia, no hay nada más hermoso que intercambiarnos también este don de la misericordia en la alegría del encuentro. 

La Palabra de Dios que hemos escuchado hoy en esta Catedral de Nuestra Señora del Carmen quizás ya la conozcamos. De todas formas, esta no deja de ser, a mi parecer, un sorbo de agua fresca y, al mismo tiempo, de sorpresa, porque no es una palabra del pasado que nosotros recordamos ahora y que no nos interesa, sino al contrario, se trata de una palabra viva y actual, que se refiere a nosotros. Como hemos escuchado en el pasaje de hoy, Jesús nos habla y nos invita a ser sus seguidores. 

El evangelista Marcos nos hace entender que los discípulos que ya llevaban tiempo siguiendo al Señor, al Maestro, lo acompañaban, lo asistían, le procuraban el alimento, pasaban todo el tiempo por él y con él. Jesús había estado hablando ese día sobre las riquezas y la concupiscencia humana. Les había dicho, incluso, que era más fácil que un camello pudiera pasar por el ojo de una aguja a que un rico pudiera entrar en el reino de Dios (cfr. Mc. 10, 25). Frente a tales afirmaciones, hiperbólicas pero significativas, Pedro pregunta: Entonces, nosotros que hemos dejado familia, trabajo, casa, en fin, todo, y te hemos seguido, ¿qué recibiremos a cambio, visto que no nos debemos esperar cosas materiales? 

La respuesta del Señor es sorprendente, habla de un porcentaje enorme, cien veces mayor de lo que se ha dejado junto a persecuciones, es decir, a sufrimientos que, como ya sabemos, son como la sal en el pan y la vida en Él. Os puedo asegurar que, personalmente, como sacerdote que ha dejado su familia, su casa, sus afectos, el Señor nunca ha sido tacaño conmigo y me ha dado el céntuplo. Por ejemplo, aquí también, su afecto me dice que ustedes son, para mí, familia, queridísimos hermanos y hermanas. En el Señor nos sentimos que somos profundamente amados e hijos de Dios. Es en la misericordia donde yo, nosotros, encontramos al Señor, que nos permite no ser vencidos por los pecados, que son nuestros verdaderos perseguidores, y que nos da la vida que no muere. 

La misericordia, dice el Papa Francisco con muy acertadas expresiones, es como una caricia sobre las heridas, es el verdadero nombre de Dios, es el rostro del Padre que se ve en Cristo, es un abrazo fortísimo que dura por siempre. La Iglesia vive una vida auténtica –decía San Juan Pablo II (segundo)– cuando profesa y proclama la misericordia que es el más estupendo atributo del Creador y Redentor, y que acerca a los hombres a las fuentes de la vida del Salvador, de la cual ella es depositaria y dispensadora (Dives in misericordiae, nº 11). 

Este Vicariato es una joven Iglesia, erigida el 21 (veintiuno) de febrero de 2013 (dos mil trece), y, por tanto, en crecimiento, aunque todavía cuente con una reducida presencia de personal misionero (un sacerdote local, once sacerdotes religiosos, once religiosas y veinte catequistas a tiempo completo). Ya ha iniciado su propia vida, su camino interior. Para esto es fundamental incentivar en nuestros jóvenes la vocación a la vida sacerdotal y consagrada. Y, contando con la colaboración de todos los fieles, es oportuno que se desarrolle entre vosotros una conciencia de autoconocimiento como Iglesia en crecimiento y de autosustento local que la haga llegar a la edad adulta. Esta puede hacer frente también a la pobreza con el trabajo y a la luz de los criterios del Evangelio. No hay que cerrarse nunca en las estériles reivindicaciones que no tiene nada que ver con la Palabra de Dios. 

Sois parte de la Iglesia de Dios. El Santo Padre, a través de mi presencia, ha querido hacerse cercano a este Vicariato. Por lo tanto, aunque se encuentren en un territorio que geográficamente pueda parecer remoto, no por eso dejan de estar en el corazón de la Iglesia. Les encomiendo, por tanto, que sigan e intensifiquen sus esfuerzos para volver a lanzar la pastoral familiar, exhortando a los jóvenes a una vida cristiana coherente con los principios del Evangelio, formándolos para que creen auténticas familias cristianas, fundadas en el sacramento del matrimonio como institución permanente e indisoluble, como enseña la reciente Exhortación Apostólica Amoris Laetitia (cfr. 123-125). La Palabra de Dios, para que se cumpla en nuestra vida, tiene que ser escuchada y meditada, hay que vivirla en el día a día y dondequiera que estemos. La misma Palabra, cuando encuentra espacio en nosotros, nos previene para que no nos dejemos llevar por una vida contraria a la vida cristiana, inclinándose al alcohol, a la droga, al materialismo, etcétera. Es necesario duplicar los esfuerzos para permitir a los catequistas y a los laicos, en particular a los jóvenes, adquirir una sólida formación cristiana, consolidar su propia fe y afrontar, a través del diálogo, el proselitismo de las sectas. 

Tras tantos años de sufrimientos debidos a males como la guerrilla y la corrupción, que aún persisten en el territorio, ha llegado el momento de vencer con el perdón e instaurando una cultura de paz y reconciliación. Mantengamos, pues, la mirada fija en la misericordia, haciéndonos también nosotros un instrumento eficaz en el obrar misericordioso del Padre en este mundo. 

Que Nuestra Señora del Carmen, Patrona de esta Iglesia, sostenga nuestra fragilidad con sus virtudes, ilumine con su sabiduría las tinieblas de nuestra mente y reavive en nosotros la fe, la esperanza y la caridad para que podamos crecer cada día más en el amor de Dios y en la devoción a ella.


Publicado por verdenaranja @ 12:00  | Hablan los obispos
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