S?bado, 28 de mayo de 2016

Reflexión en la solemnidad del Corpus Christi ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Solemnidad del “Corpus” C

 

Desde antiguo, los cristianos acostumbramos a considerar en la Eucaristía tres cosas: Presencia sacramental de Cristo, Sacrificio Pascual del Señor, y Banquete de los cristianos.

La solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, que celebramos este domingo, trasladada del jueves, centra nuestra atención en estas tres realidades.

Desde el origen de esta fiesta, se ha querido subrayar, de un modo especial, la presencia de Cristo en la Eucaristía, también fuera de la Santa Misa. En la procesión con el Santísimo, tan característica del Corpus, se hacen todos los esfuerzos para conseguirlo. Y los cristianos veneramos y adoramos constantemente la presencia de Cristo en el Sagrario y en las demás celebraciones eucarísticas.

Esta presencia de Cristo tiene su origen en  el “memorial” de la Cena Pascual que se renueva, se actualiza, en el altar, cada vez que se celebra la Santa Misa. Es lo que escuchamos en la segunda lectura de hoy: “Cada vez que coméis de este Pan y bebéis del Cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva”.

El sacrificio de pan y vino que ofrece Melquisedec (1ª lect.) prefigura el Sacrificio de Cristo bajo las especies de pan y de vino. Es el Cuerpo “que se entrega”,  es la Sangre “que se derrama”.

Pero al tratar de este Misterio, nunca podemos olvidar que la Eucaristía es siempre comida y bebida, la más grande, sabrosa y sagrada, del pueblo cristiano.

En el Evangelio de hoy contemplamos cómo los discípulos están preocupados por la comida de aquel inmenso gentío y van a decírselo al Señor: hace falta que vayan a los lugares cercanos donde puedan  encontrarla.

Nosotros, como ellos, constatamos  que sin alimento no hay vida.  

Y cuando Jesús se decide a darles de comer a todos, pronuncia una bendición que recuerda la de la Última Cena.  

Hoy y siempre deben resonar en nuestros corazones las palabras del Señor de aquella noche: “Tomad y comed…” “Tomad y bebed…”

Ya sabemos que la solemnidad del Corpus es Jornada Nacional de Caridad. Es normal que sea así, porque la Eucaristía es signo y fuente de amor. Y después de la comunión eucarística, el cristiano “tiene que demostrar con obras de caridad, piedad y apostolado lo que ha recibido por la fe y el sacramento”.

Con aquel milagro, Cristo nos manifiesta que el Reino de Dios no consiste sólo palabras, sino también en pan y salud. Por eso Él proclama: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura”. (Mt 6, 33).

En medio de tantas necesidades de todo tipo, que la crisis económica manifiesta y acentúa, los cristianos hemos de considerar también dirigido a nosotros lo que dice Jesucristo a los discípulos en el Evangelio de esta solemnidad: “Dadles vosotros de comer”.

                                                                           ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR


Publicado por verdenaranja @ 22:17  | Espiritualidad
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