S?bado, 04 de junio de 2016

Reflexión a las lecturas del domingo décimo del Tiempo Ordinario C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epìgrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 10º del T. Ordinario C 

 

Cuando Pedro quiere resumir la vida de Jesucristo, dice que “pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él” (Hch 10, 38).

Cuando nos acercamos al Evangelio, nos da la impresión de que donde está Jesús, no puede haber sufrimiento ni muerte ni mal alguno. ¡Él no soporta el mal! ¡Parece que no puede convivir con el sufrimiento! Con razón reconocemos en Él al Hijo de Dios que, al principio, creó el mundo, y, a cada paso, fue viendo que “todo era bueno”.

Esto es lo que constatamos en el Evangelio de este domingo: Jesús sigue recorriendo pueblos y ciudades, anunciando la Buena Noticia del Reino.

Al entrar en la ciudad de Naín, se encuentra con una caravana de sufrimiento y de muerte: sacan a enterrar al hijo único de una mujer que era viuda. Es el signo del mal, de la impotencia y de la desesperanza: ¿Qué sería de aquella mujer, sin marido y sin el único hijo que tenía?

Con razón lloraba. Tenía que llorar…

Y Jesús no puede ser insensible ante aquella realidad: “Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: no llores”.

Pero no se queda en un sentimiento de pesar parecido al del gentío que la acompañaba. Él puede hacer algo más. Y lo hace: por eso, se acercó al ataúd y dijo: “Muchacho a ti te lo digo, ¡levántate!”. ¡Y así sucede!

Era normal que la gente, sobrecogida, aclamara la grandeza y la misericordia de Dios.

Mis queridos amigos y amigas: ¡El que sigue a Jesucristo ha de compartir sus mismos sentimientos y ha de pasar por la vida haciendo el bien y luchando contra el mal! ¡No podemos ser insensibles al sufrimiento de los demás! No podemos acostumbrarnos “a ver a la gente sufrir”. “Que el corazón no se me quede desentendidamente frío”, rezamos en la Liturgia de las Horas. El mal tiene que dolernos y molestarnos como a Jesús. Y como Él tenemos que decir al que sufre: “No llores”. Y al que yace caído, ¡levántate!

Ya Jesús nos advirtió que el que creyera en Él, haría los signos que Él hacía y aún mayores (Jn 14, 12).

                                                                 ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR! 


Publicado por verdenaranja @ 10:48  | Espiritualidad
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