Viernes, 02 de diciembre de 2016

Reflexión a las lecturas del domingo segundo de Adviento C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DIA DEL SEÑOR              

Domingo 2º de Adviento A

 

En nuestro caminar por el Adviento rumbo a la Navidad, surge hoy, en nuestra celebración, la figura entrañable de Juan el Bautista. Podríamos decir que Juan es el mensajero inmediato, que tiene que preparar al Señor, ya cercano, “un pueblo bien dispuesto”. Y, además, es el  encargado de señalarle presente en medio de su pueblo: “¡Éste es!”  “¡Este es el Cordero de Dios!” (Jn 1, 29).

¿Y  cómo lo hace? Con su palabra recia y fuerte, y con su testimonio de vida. El evangelista S. Mateo se fija, incluso, en su vestido y en su comida, en su vida austera y pobre. ¡Él es el hombre del desierto! “¡Él era la lámpara que ardía y brillaba!” (Jn 5, 35). Pero  “¡no era él la luz,  sino testigo de la luz!” (Jn 1, 8).

            ¿Y qué anuncia? Que el Mesías, aquel personaje que los judíos esperaban, y en quien tenían puestas todas sus ilusiones y esperanzas, iba a venir muy pronto. Es más, que ya había llegado: “¡Está en medio de vosotros!” (Jn 1, 26-28).

            La primera lectura de este domingo, nos anuncia los tiempos del Mesías, de una manera muy hermosa. El Espíritu Santo vendrá sobre Él, que trae un reino de justicia y de paz tan grande, que nadie puede siquiera imaginar. Por tanto, hay que preparar a la gente para que sea capaz de acogerle… Y lo hace con la imagen de unos caminos que hay que preparar porque si no, es imposible que llegue.

            ¿Y cuáles son esos caminos? Está muy claro. Los caminos del corazón y de la vida. ¡Conversión es la palabra!

Y el Bautista lo hace con tanto acierto, que “acudía a él toda la gente de  Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán”. Así se preparó la Navidad, la única Navidad, que la Liturgia de la Iglesia va haciendo presente cada año; la que nos disponemos a celebrar en las fiestas que se acercan. Y tenemos que prepararla así cada uno de nosotros, si queremos una auténtica Navidad. Ya sabemos que “las fiestas, en la vida de la Iglesia,  tienen su centro en las celebraciones  litúrgicas y en el corazón de cada cristiano”.

En estas fechas, todo el mundo prepara algunas cosas para la Navidad: El adorno de la casa y de las calles, las comidas, los regalos, las felicitaciones…, ajustándose “al presupuesto de la crisis”, y conscientes de que tenemos también  que compartir con los que no tienen nada, o tienen menos. Pero son muchos los que no se han dado cuenta de que tienen que prepararse a sí mismos para la celebración de la Venida del Señor. Y aquí está la cuestión fundamental, la clave, para entender el Adviento y la Navidad: ¡Que no se trata sólo de lo exterior! ¡Que la cosa va en serio! ¡Que el Señor quiere venir a nosotros, al corazón de  cada uno de nosotros! ¡Y esta es la tarea del Tiempo de Adviento! Decíamos el otro día, que sin Adviento no hay Navidad Y así es.

Nos dice, además, el Evangelio de hoy que había algunos fariseos y saduceos, que “se apuntaban” también al bautismo de Juan, y acudían al desierto. El Bautista los descubre y les advierte que no se admite ni la falsedad ni las apariencias; que hay que dar “el fruto que pide la conversión”, porque “ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto, será talado y echado al fuego”.

¡También hoy, por todas partes, se nos exige a los cristianos coherencia con lo que creemos y celebramos! 

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!

 


Publicado por verdenaranja @ 18:42  | Espiritualidad
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