Viernes, 27 de enero de 2017

Reflexión a las lecturas del domingo cuarto del Tiempo Ordinario A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 4º del T. Ordinario A

 

El Evangelio de hoy nos presenta el verdadero camino para encontrar en la vida, la “felicidad auténtica”. Sin embargo, cada vez son más los que piensan que, por este camino, el de Jesucristo, no se puede encontrar dicha alguna. Y comentan: “Todo lo contrario. Ya se dice que todo lo bueno, o hace daño o está prohibido”. Los mandamientos, el mensaje del Evangelio -creen muchos- va en contra de todo lo que nos agrada. ¿Y la Iglesia?  Lo mismo. Todo lo que enseña     –dicen- va en contra de las aspiraciones, de los deseos y de las ilusiones del hombre actual. No merece la pena pertenecer a ella, todo lo contrario, concluyen.

El Papa Juan Pablo II nos ofrece un diagnóstico muy acertado de todo esto, cuando nos explica la teoría de Dios “como enemigo del hombre”. Éste, en consecuencia, tiene que defenderse y convertirse en “enemigo de Dios”. Y se hace necesaria “la muerte de Dios”.

¿No conoces esta doctrina? Nos la explica el Papa en la Encíclica sobre el Espíritu Santo, “Dominum et Vivificantem”, núm. 38.

El Evangelio de este domingo, por el contrario, enseña, más todavía,  grita al hombre de todos los tiempos, que el mensaje de Jesucristo es  el camino que lleva a la verdadera dicha y a la verdadera felicidad del hombre: De un modo imperfecto en esta vida, y  perfecto y pleno, en la eternidad.

S. Mateo nos presenta hoy a Jesucristo en el Sermón de la Montaña. Como un nuevo Moisés, comienza a enseñarnos el mensaje central y fundamental del Reino, que el evangelista recoge en los capítulos 5, 6 y 7. Lo iremos escuchando a lo largo de los domingos que siguen, hasta comenzar la Cuaresma.

Y comienza Jesús a decir: Dichosos los pobres, los sufridos, los que lloran, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa de la justicia… Pero en la sociedad actual, estamos acostumbrados a otro lenguaje: Dichoso el que tiene dinero, el que puede gozar de todo, el que tiene poder, el que tiene salud, el que puede vivir a tope…

Jesús, en el pequeño espacio del texto que comentamos, repite hasta  nueve veces la palabra “dichosos”. Y eso quiere decir, en primer lugar, que Dios nos quiere  felices, alegres y llenos de esperanza. No. No es Dios el “enemigo del hombre”. Él es el que ha venido a revelarnos  y a hacernos posible “el verdadero camino”, que conduce a la  verdadera grandeza y felicidad del hombre. Si no fuera así, ¿de qué nos valdría ser cristianos?

¡Y todo esto  está ya comprobado! Durante muchos siglos, hombres y mujeres, de todo tipo, se han sentido dichosos por este camino, aún en medio de contratiempos y dificultades, a veces, graves. Y también está comprobado que el que hombre jamás ha sido grande y feliz en contra de Dios o al margen de Dios. “Los que se alejan de ti se pierden”, leemos en los salmos (73, 27).

También hoy hay muchos cristianos que dan testimonio de esta realidad y está al alcance de todos poder comprobarlo.

     

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 21:32  | Espiritualidad
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