S?bado, 04 de marzo de 2017

Reflexión a las lectruras del domingo primero de Cuaresma A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñwero bajo el epígrafe "ECOS DEL DIA DEL SEÑOR"

Domingo 1º de Cuaresma A

 

En todos los trabajos, ocupaciones, realidades de la vida,  hay épocas de mayor esfuerzo, preocupación e intensidad. Pensemos, por ejemplo, en los trabajos del campo o en los estudios. Lo mismo pasa en la vida cristiana. Es lo que sucede ahora, por ejemplo, en el tiempo de Cuaresma.

¡Se trata de preparar una fiesta! La más grande e importante de los cristianos: la Pascua. Y si es la más importante, será la que más y mejor se prepara. ¡Se nos exige, por tanto, un mayor esfuerzo!

¡En ese sentido, cuánto nos ayudan las lecturas de la Palabra de Dios de este domingo! Podríamos decir que la Liturgia de la Palabra de hoy nos presenta dos hechos de la historia y un comentario.

En la primera lectura, contemplamos cómo nuestros primeros padres sucumben ante la tentación, que se presenta como un engaño: “Seréis como Dios”. Es la tentación fundamental del hombre de todos los tiempos: ¡Ocupar en la vida el puesto de Dios! ¡Ser grande y feliz, al margen de Dios o en contra de Dios!

¿Y qué es lo que consiguen nuestros primeros padres? Su desgracia y la nuestra. Se meten en un callejón sin salida: Pudieron alejarse libremente de Dios, pero ahora, por si mismos, no pueden volver a Él. Tendrá que venir Dios mismo a salvarnos.

El segundo hecho histórico, es la “Tentación del Desierto”. Jesucristo es llevado al desierto por el Espíritu, y allí es tentado por el diablo. La tentación aparece de nuevo, como una trampa, un engaño. El diablo que tiene un conocimiento perfecto de Jesucristo y de la Sagrada Escritura, se atreve a acercarse a Jesús para tentarle.  

Hay comentarios interesantes sobre cada una de las tentaciones. A mí me gusta contemplarlas en su conjunto, ir a lo fundamental. El diablo no se anda por las ramas. ¡Va a la raíz de la misión de Jesucristo! Ahora, que va a comenzar su Vida Pública, le presenta, con todos sus halagos, otro tipo de mesianismo, otra forma de ser Mesías. ¡Distinta, por supuesto, de la que el Padre le había encomendado! Es un mesianismo más brillante y más atrayente que el otro, un mesianismo espectacular, que consiste, por ejemplo, en convertir las piedras en pan, o en tirarse por el alero del templo sin  miedo, porque le recogerán los ángeles; un mesianismo de poder y de gloria, que quedaría garantizado hasta con un pacto con el mismo diablo: “Todo esto te daré si te postras y me adoras”, le dice Satanás.

¡Pero Jesucristo no se deja engañar! ¡Es más fuerte y más sabio que el diablo! ¡Y sale vencedor en la tentación! ¡El enemigo queda derrotado!

La segunda lectura, es como un comentario de las otras dos, y nos presenta las consecuencias tan graves que  tuvo para todos el primer pecado, y la grandeza de la Redención, por la que hemos conseguido más bienes que los que habíamos perdido por “la envidia del diablo”. S. Pablo se nos presenta así como testigo de la existencia de un pecado que no es personal, y que se conoce, en la fe de la Iglesia, como “el pecado original”. ¡La necesidad de un Salvador es evidente!

Son, pues, muchas las cosas que nos enseñan estas lecturas. Retengamos esa imagen de “Cristo Vencedor”. La Cuaresma es tiempo de lucha y de esfuerzo, y, por eso mismo, de tentación. El Señor nos ofrece en la oración y en los sacramentos, especialmente, en la Eucaristía, alimento y fortaleza sobreabundante para luchar y vencer. Él nos ha dado su Espíritu que nos acompaña, nos impulsa y nos guía. ¡Él es la garantía de nuestra victoria!        

¡BUENA CUARESMA! ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 22:51  | Espiritualidad
 | Enviar