Viernes, 23 de junio de 2017

Reflexión a la lecturas del domingo doce del Tiempo ordinario A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 12º del T. Ordinario A

 

En el Evangelio del domingo XI, que este año, no hemos leído, contemplamos cómo Jesucristo se compadecía de la gente, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas sin pastor. Pero no se queda en lamentaciones, sino que pasa a la acción: En primer lugar, manda rogar al Padre que envíe trabajadores a su mies; luego, envía a los apóstoles a todos los pueblos, con una serie de instrucciones, que nos presenta el Evangelio durante varios domingos.

Él sabe que, enseguida, aparecerán las dificultades, las persecuciones, como les sucede a los profetas. En la primera lectura de este domingo, se nos presenta al profeta Jeremías perseguido. ¡Y entonces aparece el fantasma del miedo!

Y cuando se tiene miedo, se comienza por acomodar el evangelio a lo que le gusta a la gente, a rebajar el mensaje, a huir, y a no dar cara. Y se termina por dejarlo todo. Y Jesús les previene de ese peligro. Y les dice: “No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna”.

Es el pecado llamado de escándalo: Hacer pecar a otro. Y cuentan que hay perseguidores que lo hacen, incluso, para incrementar el dolor de los cristianos, al verse alejados de Dios en la hora de la muerte.

Qué importante es esta advertencia que hace el Señor: Hay que temer al puede “matar” el alma, porque hay gente que prefiere perder el alma antes que el cuerpo.

Y les dice, además, que deben poner su confianza en el Padre, que se preocupa hasta de los pájaros del cielo. “Valéis más vosotros que muchos gorriones”.

 Y les hace esta advertencia: “Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo”.

 Hemos de acoger, con sumo cuidado, la Palabra del Señor de este domingo, porque es muy actual. Primero, la existencia de las dificultades y persecuciones de las más variadas formas; luego, el miedo y sus consecuencias. Benedicto XVI, en un Viaje al Reino Unido, hablaba de la “persecución del ridículo”.

Ya nos advierte S. Pablo que “todo el que quiera vivir piadosamente en Cristo Jesús, será perseguido”. (2Tim 3, 12). Y, en algunas ocasiones, el Señor nos advierte que los enemigos pueden estar hasta en la propia casa.

Como San Pablo no podemos avergonzarnos del Evangelio de Cristo. Y hemos de seguir su exhortación a Timoteo: “No te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos del Evangelio, según la fuerza de Dios”. (2Tim 1, 8).

A veces pienso por qué tanta sangre ha rodeado siempre la existencia cristiana.

Hoy recordamos a tantos cristianos que sufren persecución, más o menos cruenta, en el mundo. ¡No podemos olvidarlo!

 

                                      ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 16:46  | Espiritualidad
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