Domingo, 25 de junio de 2017

El papa Francisco rezó este martes por la mañana ante la tumba del sacerdote italiano e Don Lorenzo Milani, en el cementerio de la ciudad de Barbiana, en Florencia. (ZENIT – Roma, 20 de abril. 2017)

A continuación el discurso del Santo Padre

«Queridos hermanos y hermanas:

He venido a Barbiana para rendir homenaje a la memoria de un sacerdote que ha dado testimonio de cómo al entregarse a Cristo, se encuentra a los hermanos en sus necesidades, y se les sirve, para que sea defendida y promovida su dignidad como personas, con la misma entrega de sí mismos que Jesús nos enseñó hasta la cruz.

1. Me alegro de encontrar aquí a los que en su tiempo fueron alumnos de don Lorenzo Milani, algunos en la escuela popular de San Donato de Calenzano, otros aquí en la escuela de Barbiana. Sois los testigos de como un sacerdote haya vivido su misión, en los lugares dónde la iglesia lo llamó, con fidelidad plena al Evangelio y por eso precisamente, con fidelidad plena a cada uno de vosotros, a todos los que el Señor le confió. Y vosotros sois testigos de su pasión educativa, de su intento de despertar en las personas lo humano para abrirlas a lo divino.

De aquí, el que se dedicara completamente a la escuela, con una decisión que aquí en Barbiana, llevará a cabo de una forma todavía más radical. La escuela para don Lorenzo, no era algo diferente de su misión como sacerdote, sino el modo concreto con el cual desarrollar esa misión, dándole un fundamento sólido y capaz de subir hasta el cielo. Y cuando la decisión del obispo, lo condujo de Calenzano hasta aquí, entre los chicos de Barbiana, comprendió enseguida que si el Señor había permitido aquella separación, era para darle nuevos hijos, a los que criar y amar.

Devolver la palabra a los pobres, porque sin la palabra no hay dignidad, y por lo tanto, tampoco libertad y justicia: esto es lo que enseña don Milani. Y la palabra, es la que podrá abrir el camino a la plena ciudadanía en la sociedad, mediante el trabajo, y la plena pertenencia a la Iglesia, con una fe consciente. Esto vale también en cierto modo para nuestro tiempo, en el que solamente poseyendo la palabra, podemos discernir entre tantos y a menudo confusos mensajes que nos llueven encima; y también dar expresión a las instancias más profundas de nuestro corazón, como también a las expectativas de justicia de tantos hermanos y hermanas que la esperan. De esa humanización que reivindicamos, para cada persona en esta tierra, además del pan, de la casa, del trabajo y de la familia, es parte también el dominio de la palabra como instrumento de libertad y de fraternidad.

2. Están también aquí algunos jóvenes y niños, que representan para nosotros a tantos jóvenes y niños que necesitan hoy alguien que les acompañe en su camino de crecimiento. Se que vosotros como tantos otros en el mundo, vivís en situaciones marginales, y que alguien está a vuestro lado para no dejaos solos, e indicaos un camino de rescate posible y un futuro que se abra hacia horizontes más positivos. Quiero desde aquí dar las gracias a todos los educadores, a todos los que se ponen al servicio del crecimiento de las nuevas generaciones, en particular de aquellos que se encuentran en situación de malestar.

La vuestra es una misión llena de obstáculos, pero también de alegrías. Pero sobre todo es una misión. Una misión de amor, porque no se puede enseñar sin amar, y sin la conciencia de que lo que se da, es sólo un derecho que se reconoce, el de aprender. Y hay tantas cosas que enseñar, pero la esencial es la del crecimiento de una conciencia libre, capaz de confrontarse con la realidad, y de orientarse en ella, guiada por el amor, por las ganas de comprometerse con los demás, de hacerse cargo de sus fatigas, de sus heridas, de rehuir cualquier egoísmo, para servir al bien común. Encontramos escrito en Carta a una maestra: “He aprendido que el problema de los demás es igual que el mío. Salir todos juntos de ello, es la política a seguir. Salir solos es avaricia.” Esto es una llamada a la responsabilidad. Una llamada que tiene que ver con vosotros, queridos jóvenes, pero sobre todo con nosotros adultos, llamados a vivir la libertad de conciencia en modo auténtico, como búsqueda de lo verdadero, de la belleza y del bien, dispuestos a pagar el precio que esto conlleva. Y sin compromisos.

3. Para terminar, pero no por último, me dirijo a vosotros sacerdotes, que he querido que estuvieráis junto a mí, hoy en Barbiana. Veo entre vosotros sacerdotes ancianos, que habéis compartido con don Lorenzo Milani los años de seminario y ministerio en lugares vecinos ; y también curas jóvenes, que representan el futuro del clero florentino e italiano. Algunos de vosotros sois, por tanto, testigos de la aventura humana y sacerdotal de don Lorenzo, otros sois herederos. A todos quiero recordar que la dimensión sacerdotal de don Lorenzo Milani está en la raíz de todo lo que hasta el momento he recordado de él. La dimensión sacerdotal es la raíz de todo lo que hizo. Todo nace de su ser sacerdote. Pero al mismo tiempo, su ser sacerdote nace de una raíz todavía más profunda: su fe. Una fe “total”, que se convierte en una entrega completa al Señor, y que en el ministerio sacerdotal, encuentra una forma plena y cumplica para el joven convertido.

Son conocidas las palabras de don Raffaele Bensi, su director espiritual, al cual acudieron en aquellos años, las figuras más altas del catolicismo florentino, que tenía tanta vitalidad, a mitad del siglo pasado, bajo el ministerio paterno, del venerable cardenal Elia Dalla Costa. Así decía don Bensi: “Para salvar el alma vino a mi. Desde ese día de agosto hasta el otoño, se empachó, literalmente, de Evangelio y de Cristo. Aquel joven partió inmediatamente hacia el absoluto, sin vías intermedias. Quería salvarse y salvar a cualquier precio. Transparente y duro como un diamante, pronto tenía que herirse y herir”. (Nazzareno Fabbretti , Entrevista a Monseñor Raffaele Bensi, Domenica del Corriere 27 de junio de 1971). Ser sacerdote como forma de vivir el Absoluto. Decía su madre Alicia: “Mi hijo buscaba el Absoluto. Lo encontró en la religión y en la vocación sacerdotal”. Sin esta sed de Absoluto, se puede ser buenos funcionarios de lo sagrado, pero no se puede ser sacerdotes, verdaderos sacerdotes, capaces de hacerse servidores de Cristo en los hermanos.

Queridos sacerdotes, con la gracia de Dios, busquemos ser hombres de fe, una fe franca, no aguada, y hombres de caridad, caridad pastoral hacia todos aquellos que el Señor nos confía como hermanos e hijos. Don Lorenzo nos enseña también a querer a la Iglesia, como él la quiso, con la franqueza y la verdad que pueden crear tensiones, pero nunca fracturas, abandonos. Amemos a la Iglesia, queridos hermanos, y hagámosla amar, mostrándola como madre atenta a todos, sobre todo a los más pobres y frágiles, ya sea en la vida social, como en la vida personal y religiosa. La Iglesia que don Milani ha mostrado al mundo, tiene este rostro materno y atento, dispuesto a dar a todos la posibilidad de encontrar a Dios y ,por lo tanto, de dar consistencia a la propia persona en toda su dignidad.

4. Antes de concluir, no puedo ocultar, que el gesto de hoy, quiere ser una respuesta a la petición que don Lorenzo hizo tantas veces a su obispo, o sea, que fuera reconocido y comprendido en su fidelidad al Evangelio y en la rectitud de su acción pastoral. En una carta al obispo escribía: “ Si usted no me honra hoy con algún acto solemne, todo mi apostolado aparecerá como un acto privado.”Desde el Cardenal Silvano Piovanelli, de querida memoria, los arzobispos de Florencia, han dado en varias ocasiones este reconocimiento a don Lorenzo. Hoy lo hace el Obispo de Roma. Esto no borra las amarguras que acompañaron la vida de don Milani, – no se trata de cancelar la historia o de negarla, sino de comprender las circunstancias y la humanidad en juego- pero dice que la Iglesia reconoce en esa vida, un modo ejemplar de servir al Evangelio, a los pobres, y a la misma Iglesia.Con mi presencia en Barbiana, con la oración sobre la tumba de don Lorenzo Milani pienso haber respondido a lo que deseaba su madre: “ Quiero sobre todo que se conozca al sacerdote, que se sepa la verdad, que se rinda honor a la iglesia también por lo que él fue en la Iglesia y que la Iglesia le rinda honor a él…..esa Iglesia que le hizo sufrir tanto, pero que también le dio el sacerdocio, y la fuerza de esa fe que sigue siendo para mí el misterio más profundo de mi hijo…..Si no se comprende de verdad el sacerdote que ha sido don Lorenzo, difícilmente se podrá comprender en él todo el resto. Por ejemplo su profundo equilibrio entre dureza y caridad”. (Nazareno Fabbretti, “Incontro con la madre del parroco de Barbiana a tre anni della sua morte” Il Resto del Carlino, Bolonia, 8 de julio de 1970) El sacerdote “transparente y duro como un diamante”, sigue transmitiendo la luz de Dios en el camino de la Iglesia. Tomad la antorcha y llevadla adelante. Gracias».

(Ave María)

(Bendición)

 


Publicado por verdenaranja @ 21:10  | Habla el Papa
 | Enviar