Viernes, 21 de julio de 2017

Reflexión a las lecturas del domingo dieciséis del Tiempo Ordinario A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 16º del T. Ordinario A

 

A todos nos hace sufrir la existencia del mal. Hay, incluso, hombres y mujeres que no aciertan a conciliar la existencia de un Dios bueno y justo, con tanto mal. Hay muchas clases de males. La Parábola de la Cizaña nos sitúa, este domingo, ante la existencia del mal moral; tanta gente que se dedica a hacer el mal: Desde los grandes criminales, desde las injusticias más graves, hasta las pequeñas faltas de un niño que hace sufrir a otro niño. Desde los grandes pecados de omisión  que dividen el mundo en dos partes, el de los países ricos y el de los países pobres, hasta las pequeñas faltas de omisión de cada día. Incluso, dentro de nosotros mismos, constatamos la existencia del bien y del mal. Por todo ello, como los criados de la parábola, le preguntamos al Dueño del campo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?” Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Y era verdad: “Mientras la gente dormía, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo  y se marchó”. Parece que era frecuente en el país de Jesús este tipo de maldades y venganzas entre los agricultores. La respuesta, por tanto, es clave: “¡Un enemigo lo ha hecho!” De este modo, Jesús hace referencia al principio, a la Creación, a lo que conocemos con el nombre de “pecado original”, que ahora, muchos niegan y desprecian, y otros, lo recuerdan vagamente como cosa de niños. ¡Pero ahí está la fuente de todos los males! Y, junto al pecado original, los pecados de todos los hombres, también los nuestros, siguen sembrando en el mundo todo tipo de sufrimientos. “Y por el pecado, la muerte” enseña S. Pablo. (Rom 5, 12.)

Me gusta decir que  nosotros no hemos conocido el mundo tal como salió de las manos de Dios: Entonces, “¡todo era bueno!”, “¡todo estaba bien!” Pero el mundo que conocemos ahora, es el del trigo y la cizaña, el mundo trastocado y afeado por el pecado. Y el enemigo, el diablo, ahora está encantado porque dicen que no existe.  Le resulta cada vez más fácil ir logrando sus objetivos; recibe muy poca resistencia,  pero es y continuará siendo hasta el final, “el padre de la mentira” como le llamó el Señor (Jn, 8, 44). Ya S. Pablo nos advierte que “nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos del aire. (Ef, 6,12-13).

“Mientras la gente dormía…” ¡Aquí nos encontramos con otra de las claves de la parábola! Si dormimos, si no cuidamos “nuestros sembrados”, ¿de qué nos vamos a quejar después? ¿No sabemos que se está sembrando en el mundo mucho bien y, al mismo tiempo, mucho mal? Ya nos advertía el Señor que “los hijos de este mundo son más astutos con su gente, que los hijos de la luz”.(Lc 16, 8). Y pensamos ahora en los padres de familia, en los que se dedican a la formación de los niños y de los jóvenes, en los gobernantes,  en los pastores de la Iglesia… ¡Todos podemos dormirnos alguna vez!, y entonces, la cizaña. Y, al principio, no se nota nada, no se distingue del trigo; pero, más tarde, aparecerá, con toda su fuerza, en nuestro sembrado. Entonces nuestra reacción será la misma que la de los criados de la parábola:  “¿Quieres que vayamos a arrancarla?” Pero el Amo del campo nos dirá: “No, que podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega”. No toleramos contemplar el campo sembrado de trigo con la cizaña. Quisiéramos ver sólo el  bien sin  mezcla de mal alguno. Quisiéramos dejar de sentir en nuestro interior esos impulsos que nos mueven al mal. Quisiéramos extirpar el mal, todo el mal,  del mundo, de nuestra sociedad, de la Iglesia y de nuestra vida. ¡Pero a nuestra manera!  ¡Y eso no puede ser! El Señor nos ha señalado el verdadero camino, el de la conversión personal, que vaya convirtiendo, poco a poco, la cizaña en el mejor trigo.      

                                                                         ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!

 


Publicado por verdenaranja @ 18:21  | Espiritualidad
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