Viernes, 08 de septiembre de 2017

Reflexión a las lecturas del domingo veintitrés del Tiempo Ordinario A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 23º del T. Ordinario A

 

       A primera vista, puede sorprendernos el mensaje de la Palabra de Dios de este domingo: "Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano".

       Estamos en una época de mucho individualismo, que hace que, incluso, en la vida cristiana, se pretenda ir por libre, sin ninguna relación con los demás. Esto hace también que mucha  gente se sienta autónoma en su vida moral; inaccesible a una pequeña corrección u observación. Y si ésta se produce, no es raro que se reaccione desde un espíritu orgulloso y herido. Y en la vida de cada día, qué difícil se hace hoy hacer una corrección. Eso se le permite sólo al jefe, porque es el que paga, y el que puede echarnos del trabajo.

     Sin embargo, la vida cristiana no es así. Es vida de familia, de comunidad, una vida de hermanos, que se ayudan mutuamente a seguir a Jesucristo, a amar a los demás, y a avanzar por el camino de  la perfección cristiana, de la santidad. Por eso, quedan lejos del espíritu cristiano expresiones como éstas: “No te metas en mi vida”. “Y ¿quién eres tú para llamarme la atención?” “¿Por qué no te metes en tus cosas?”.

     Este domingo comienzan, en el Evangelio de S. Mateo, unas enseñanzas del Señor sobre la vida de la comunidad cristiana. Vamos a escucharlas durante algunos domingos.

     El amor es la señal que nos dejó el Señor de nuestra condición de cristianos (Jn 13,35); y “amar es cumplir la ley entera”, nos dice hoy S. Pablo (2ª Lect.). Por lo tanto, hemos de preocuparnos de los hermanos que tienen necesidad por cualquier motivo: Material o espiritual. Este domingo se nos invita a reflexionar sobre  una necesidad espiritual: La de la corrección fraterna. Un cristiano no puede permanecer insensible e inactivo ante la situación de un hermano, que vaya equivocado de camino; o que, incluso, pueda perderse para siempre. Y, como el amor tiene que impregnarlo todo en la vida del cristiano, el Evangelio nos enseña a practicar la corrección fraterna con delicadeza, con amor, de modo que “pueda ganarse al hermano”. A veces, preferimos echar en cara a un hermano sus defectos en un momento de enfado, que hacer el ejercicio de corrección fraterna con delicadeza, humildad y amor, como nos dice el Evangelio de hoy.

     Y esa obligación puede ser grave, como nos enseña el Señor en la primera lectura: “Si yo digo al malvado: Malvado, eres reo de muerte, y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado  para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. Pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, el morirá por su culpa, pero  tú has salvado la vida”.

     En ese espíritu responsable y fraterno, que debe vivirse en la comunidad cristiana, Jesús nos enseña, incluso, lo que debemos hacer cuando el hermano no acepta la corrección.

     Y cada uno de nosotros necesita también de la ayuda de los demás para permanecer y avanzar en la vida cristiana. Necesitamos también nosotros la corrección fraterna; más todavía, hemos de preguntarnos con frecuencia: ¿Qué piensan de mí los demás?: Mis familiares  y amigos; las personas que tienen más contacto conmigo? ¡Este es un buen espejo para mirarnos con frecuencia! Y en la medida que la corrección responda a lo que Dios quiere de nosotros, el objeto de la corrección fraterna puede expresar su voluntad.

     El salmo responsorial de este domingo es una síntesis de todo: “Ojalá escuchéis hoy su voz: “No endurezcáis vuestro corazón”.                           

                                                                                       ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!

 


Publicado por verdenaranja @ 15:43  | Espiritualidad
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