S?bado, 07 de octubre de 2017

Reflexión a las lecturas del domingo veintisiete del Tiempo Ordinario A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 27º del T. Ordinario A

 

Durante tres domingos, estamos escuchando unas parábolas en las que el Señor explica a los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, por qué tiene que prescindir del pueblo elegido, el pueblo de Israel, y formar otro pueblo, la Iglesia. El domingo pasado, escuchábamos la primera: la parábola de los dos hijos. Hoy, la de “los viñadores homicidas”. En ella se refiere Jesús al pasado de Israel, a  la historia de infidelidad y maldades del pueblo de Dios, especialmente a su actitud con los profetas; y también, a su situación actual: no aceptan a Jesús como Mesías y, dentro de unos días, lo llevarán a la Cruz.

Para aquel propietario del Evangelio era algo ilusionante plantar una viña, cavar un lagar, construir la casa del guarda, y arrendarla a unos labradores, que le dieran, a su tiempo, los frutos que le correspondían. Es una imagen de la constitución de Israel como pueblo de Dios. Bajo la forma de un poema precioso, nos presenta el profeta Isaías (1ª Lect.) esa realidad.

“Llegado el tiempo de la vendimia, sigue diciendo el Evangelio, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían; pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo”. De esta forma, Jesucristo les recuerda lo que habían hecho sus antepasados con los profetas, que el Padre les enviaba.

Por último, el propietario “mandó a su hijo diciéndose: tendrán respeto a mi hijo. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: este es el heredero. Venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia. Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron”.

El hijo, que envía el propietario, representa a Jesucristo. Dentro de unos días, lo someterán a toda clase de tormentos, y lo sacarán fuera de “la viña”, y lo harán morir en una cruz, en las afueras de Jerusalén.

El texto de la primera lectura pone en boca del Señor: “¿Qué más podía hacer por mi viña que yo no haya hecho? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio  agrazones?” Y describe cómo va a abandonarla.

En el Evangelio Jesús encarga a los sumos sacerdotes y ancianos que pronuncien ellos mismos su sentencia, cuando les pregunta: “Y, ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? Le contestaron: “Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos”. A continuación, es Cristo el que pronuncia la sentencia definitiva. Es la enseñanza fundamental de la parábola: “Se os quitará a vosotros el Reino de los Cielos y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

¡Qué impresionante es todo esto! ¡Qué trágico resulta todo!

¿Y cómo se quedarían aquellos dirigentes de Israel, que entendían que la parábola iba por ellos? S. Marcos y S. Lucas dicen que quisieron detenerle, pero temieron a la gente y se fueron (Mc 12,12;  Lc 20,19)

El Vaticano II nos enseña que “del costado de Cristo, dormido en la Cruz, nació el sacramento admirable de la Iglesia entera”! ( S. C. 5). La Iglesia es, pues, el nuevo pueblo de Dios, la Viña Nueva de Cristo, “el Israel de Dios” (Gal 6, 16).

Al mismo tiempo, cada uno de nosotros tendríamos que hacer examen de nuestra vida, para ver qué fruto estamos dando, no sea que también nosotros, miembros de la Iglesia, seamos desheredados y apartados de la Viña. 

                                                                                             

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!

       


Publicado por verdenaranja @ 10:48  | Espiritualidad
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