Viernes, 20 de octubre de 2017

Reflexión a las lecturas del domingo veintinueve del Tiempo Odinario A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe  "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR

 Domingo 29º del T. Ordinario A

        

              Después de la Entrada de Jesús en Jerusalén, se va acrecentando la conjura, la oposición de unos y otros, hasta llevarle a la Cruz. Contemplamos en el Evangelio cómo  se acercan a Jesucristo, con alguna pregunta capciosa para comprometerle y poder acusarle. Este domingo el Evangelio nos presenta ésta: “¿Es lícito pagar el tributo al César o no?”.

           En tiempos de Jesús, Palestina se encontraba bajo la dominación de Roma. Ya sabemos que la inmensa mayoría de los judíos era contraria a esta situación. Muchos pensaban que, cuando viniera el Mesías, aquello se acabaría. Algunos, por el contrario, se aliaban con el dominador y cobraban los impuestos. Eran los publicanos.

           Es fácil darnos cuenta de la dificultad que tiene la pregunta que le hacen a Jesucristo. Si dice que hay que pagar el tributo al César, ofendía a los judíos que, como decía, anhelaban la libertad y la independencia de Roma; si decía que no había que pagar, se mostraba contrario a las autoridades romanas. El Señor se da cuenta de “su mala voluntad” y les dice: “¡Hipócritas! ¿Por qué me tentáis?” Y, al mismo tiempo, les da una respuesta sorprendente, llena de sabiduría humana y divina: “Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

           Esta respuesta de Jesucristo ha cruzado la historia, y ha entrado en el lenguaje común, cuando se trata de la relación entre la religión y la política, que siempre despierta recelos y divergencias entre unos y otros. Y además, ¡cuántas enseñanzas entrañan estas palabras del Señor!  Veamos:

           “Pagadle al César lo que es del César”. Los apóstoles, siguiendo el ejemplo y las enseñanzas del Señor, decían a los cristianos que “toda autoridad viene de Dios”, y, por tanto, hay que obedecer sus disposiciones y contribuir al bien común, siempre que no entren en contradicción con los valores del Reino (Rom 13, 1). Que el gobernante es “un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra mal” (Rom 13, 4). Que hay que dar “a cada cual lo que se debe. A quien tributo, tributo, a quien respeto, respeto, a quien honor, honor” (Rom 13,7). Y, en algunas ocasiones, piden a los cristianos que se haga oración por los que gobiernan (1Tim 2,1-4). Por tanto, los discípulos de Jesucristo nunca somos sospechosos de no dar a las autoridades la ayuda y la consideración que merecen.

           ¡Y cuántas cosas nos recuerda la otra expresión: “Pagadle a Dios lo que es de Dios”! También tenemos deberes para con Dios. El deber más importante es reconocer a Jesucristo, como el Mesías, el que tenía que venir,  y  seguirle. Luego, debemos dar a Dios la adoración, la acción de gracias, la alabanza, que merece. A esta relación con el Padre del Cielo, la solemos llamar “virtud de la piedad”, que es la que regula las relaciones de familia, porque hemos sido constituidos, por el Bautismo, “miembros de la familia de Dios” (Ef 2,19).

           Y Jesucristo es el ejemplo maravilloso de la relación con Dios y con el César. Los cristianos tenemos que recordar siempre su advertencia: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura” (Mt 6, 33).

           El Día del Domund  nos anima a ponerlo en práctica.

          

                                                                             ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 18:54  | Espiritualidad
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