Martes, 13 de febrero de 2018

Reflexión a las lecturas del Miércoles de Ceniza ofrecida por el scerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epigrafe "ECOS DEL DÍA DE SEÑOR"

 MIÉRCOLES DE CENIZA

 

El Miércoles de Ceniza se nos hace un anuncio muy importante y alegre: ¡Dentro de cuarenta días, celebraremos la Pascua!

Ésta es, como sabemos, la fiesta más importante y gozosa del año. ¡Y hay que prepararla bien! Una fiesta que no se prepara, o no se celebra, o se celebra mal. Y eso es lo que sucede con frecuencia con las celebraciones de la Semana Santa y, en concreto, con la Pascua. ¡Que no estamos preparados!

Me parece que hoy deberíamos realizar una doble mirada: a la Pascua y a nosotros mismos. Al mirar a la Pascua, contemplamos el Misterio central de  nuestra fe, la Muerte y la Resurrección del Señor. Al mirarnos a nosotros mismos, nos vemos partícipes del Misterio Pascual, por el Bautismo y los demás sacramentos, y por el Misterio mismo de la Iglesia, que nace de la Pascua.

Entonces, enseguida, constatamos la necesidad de la conversión, de un cambio en nuestra vida. ¿Quién puede decir que todo esto lo vive con perfección, en plenitud?

Necesitamos mejorar nuestra condición de bautizados, de partícipes de los sacramentos y de la vida de la Iglesia. ¡Necesitamos prepararnos para celebrar, de la mejor manera, la Pascua! El tiempo de Cuaresma nos ayudará, sobre todo, a ser capaces de renovar, la Noche Santa de la Pascua, nuestro Bautismo; y no de cualquier manera, sino como si esa Noche comenzáramos de nuevo a  ser cristianos. ¡Es muy exigente para nosotros todo esto! ¡No sólo necesitamos entrar en la Cuaresma, sino que hemos de recorrer, de la mejor forma posible, este camino!

 Por todo ello,  en la oración de la Misa de este día le pedimos al Señor, mantenernos en “espíritu de conversión”, que es más que una simple conversión rutinaria, para “cumplir con la Cuaresma”. Por eso, se nos dice, en una de las fórmulas de la imposición de la ceniza, “Convertíos y creed el Evangelio”.

Con este anhelo de conversión, comenzamos, nos adentramos en este santo tiempo, “vistiéndonos de saco y ceniza”, como hemos aprendido en la Iglesia. Hay devoción entre la gente de recibir hoy la ceniza. Y hay que ayudarles a comprender que, sin espíritu de conversión, no tiene sentido.

La primera lectura llama a la conversión a todo el pueblo de Dios: “Tocad la trompeta en Sión, proclamad el ayuno, convocad la reunión, congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos, congregad a los muchachos y niños de pecho…”

Escuchando a S. Pablo, en la segunda lectura, recordamos que el Tiempo de Cuaresma es un gran don de Dios. Y “no podemos echar en saco roto la gracia de Dios”, porque “ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación”. Y, además, somos también, de alguna forma, “embajadores de Dios”, para anunciar la alegre noticia de “la Reconciliación con Dios y con la Iglesia”, a la que también ofendemos con nuestros pecados.

El Evangelio nos presenta la conversión en positivo. Y responde a esta pregunta fundamental: ¿Qué tenemos que hacer en la Cuaresma? “La práctica de la justicia”, que se expresa, en concreto, en “la limosna, la oración y el ayuno”, siguiendo el orden del texto. Son prácticas que tenemos que hacer de cara a Dios, no para que las vea la gente; de lo contrario, nos dice el Señor: “ya han recibido su paga”.

¡Y porque la Cuaresma es todo esto, es un Tiempo de alegría y de esperanza!

                             

                                                                           ¡BUENA CUARESMA!


Publicado por verdenaranja @ 19:34  | Espiritualidad
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