Viernes, 20 de abril de 2018

Comentario litúrgico del IV Domingo de Pascua por el P.  Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos. abril 17, 2018 14:30   (zenit)

Domingo del Buen Pastor

Ciclo B

Textos: Hech 4, 8-12; 1 Jn 3, 1-2; Jn 10, 11-18 

 

Idea principal: Jesús es nuestro Pastor. 

Síntesis del mensaje: Resumo el mensaje de este domingo con las palabras del beato Monseñor Óscar Romero, próximamente santo, a unos meses de ser asesinado celebrando la santa misa: “Como pastor de esta comunidad, estoy obligado a dar la vida por quienes amo, que son todos los salvadoreños, aun por aquellos que vayan a asesinarme. Si llegaran a cumplirse las amenazas de muerte, desde ahora ofrezco a Dios mi sangre por la redención y por la resurrección de El Salvador”.

 

Puntos de la idea principal

En primer lugar, cuando Jesús se define como el buen Pastor está diciendo lo que Homero decía de Agamenón y Jenofonte de Ciro: “Yo soy el conductor de los hombres, el dirigente de las naciones, el salvador del mundo”. Y cuando Jesús añade que todos los demás pastores son unos “asalariados” está diciendo que muchos por ahí que se dicen pastores, guía de pueblos y naciones, dirigentes de comunidades, tanto políticos como religiosos, son unos arribistas, trepadores y galgueadores del dinero, de la vanidad y del poder. Ahora entendemos mejor algunas duras expresiones del papa Francisco cuando recuerda con harta frecuencia al clero para que no seamos mundanos, no busquemos honores ni prestigios ni carrerismo. Y cuando termina Jesús con que, los tales asalariados, en cuanto ven las orejas al lobo, dejan las ovejas y huyen, está dando una descarga durísima contra los jefes políticos y religiosos de su tierra, de su tiempo, de todas las tierras y tiempos de la historia. Basta ver el panorama mundial: ¡quién se enfrenta al lobo del relativismo y consumismo, a la hiena de la malversación de fondos y corrupción, al zorrillo de la ideología del género y manipulación genética! ¡Quién enfrenta a esos gobernantes sin escrúpulos que prometen el oro y el moro, y después nos salen con sus enjuagues y se quedan con la poltrona, el oro y el moro! También es verdad que hay pastores sacerdotes humildes, que se desviven por sus ovejas, y que tal vez nadie les ve, sólo Dios. Pastores que visibilizan a Cristo buen Pastor, con diez o veinte comunidades a atender, que apenas comen y descansan. Pastores entregados las veinticuatro horas a su rebaño. Nunca buscan el brillo ni las alabanzas ni el dinero. Sólo la gloria de Dios y el desgastarse por sus ovejas, que son de Cristo, y no de él. Pero que ese sacerdote las cuida, las alimenta, las defiende, las conoce, las alma y está dispuesto a dar mil veces la vida por ellas. ¡Felicidades, sacerdotes pastores según el corazón de Cristo buen Pastor! 

En segundo lugar, Cristo sí es el buen Pastor, el único Pastor auténtico, el único dirigente honesto y cabal, ejemplo para todos los que tienen una misión de pastorear en la Iglesia, en la sociedad y en las comunidades. A todos los dirigentes de ayer, de hoy y de mañana Cristo Pastor les está diciendo varias cosas: que vivan para su rebaño y no de su rebaño; que cuiden su rebaño y no su sola parcela familiar y sus fans de amigos; que defiendan su rebaño de todo tipo de lobos ideológicos; que esté dispuesto a dar la vida por su rebaño, si fuera necesario, dando a todos trabajo, salud, educación, y evitando en sus vidas la opulencia y el despilfarro, las ganancias desorbitadas, los sueldos escandalosos de funcionarios y parlamentarios centrales o autonómicos, los chalets de lujo, las vidas de sultanes, lo aviones privados…Cristo, único Pastor les grita que tienen que servir y no querer siempre ser servidos. ¡Cuántos sacerdotes viven en clave de servicio su misión de pastores! Vayamos a sus parroquias y veremos las maravillas que Dios hace a través de esos humildes y sacrificados pastores, como lo era san Juan María Vianney, san Rafael Guízar y Valencia, san Felipe Neri y tantos otros. ¡Felicidades, fieles sacerdotes pastores según el corazón de Cristo buen Pastor! 

Finalmente, Cristo Pastor también tiene palabras serias para quienes tenemos una misión en la Iglesia como sacerdotes. Que no seamos funcionarios, ventanilla y “vuelva usted mañana”. Que no seamos burócratas de las cuentas y el papeleo, administrador mecánico de la palabra de Dios y sacramentos rutinarios o postineros, arribista y ansioso de medros y prebendas, que hizo la carrera eclesiástica y a veces hasta el carrerón. Que conozcamos, amemos, alimentemos, defendamos y demos la vida por nuestras ovejas, que no son nuestras, que son de Cristo. Que seamos auténticos sacerdotes pastores, y no sacerdotes secularizados que entienden más de cine y deportes que de Dios, que encabezan reuniones y huelgas, pero no se arrodillan ni estudian ni enseñan a rezar a sus ovejas. Que seamos pastores cuya autoridad nos viene de Cristo para hacer crecer a las ovejas y llevarlas a Él, y no que fustigamos las ovejas con el látigo del autoritarismo. Nuestra autoridad es de servicio y no de mando. Cristo también tendrá palabras de alabanza a esos sacerdotes pastores fieles a su misión, que murieron en el anonimato, pero gastándose día a Dios por su rebaño: “Ven, siervo y pastor fiel…entra al gozo de tu Señor”. 

Para reflexionar: Reflexionemos en este poema-soneto de Lope de Vega:

Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño,
Tú que hiciste cayado de ese leño,
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño,
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados,
pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados?

Para rezar: Señor Jesús, Pastor, reviste mi corazón de las virtudes que adornaron tu vida de pastor: mansedumbre, bondad, ternura, desprendimiento, sacrificio, fortaleza, firmeza para poder llevar tu rebaño hasta el cielo. Te pido por todos los sacerdotes, pastores según tu Corazón, para que te sepan imitar en la entrega a su rebaño. Amén. 

Para cualquier duda o pregunta, aquí tienen el email del padre Antonio, [email protected]


Publicado por verdenaranja @ 13:57  | Espiritualidad
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